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sábado, 9 de junio de 2018

La música popular del Perú


Desde que cerraron las casas editoriales de música en el Perú el país se convirtió en un "mercado de consumo" de lo que se produce afuera. Al peruano no le quedó más remedio que canalizar sus sentimientos, alegrías y tristezas, por no decir su visión del mundo, a través de las canciones venidas principalmente de EEUU, el mayor centro de producción de sonido del mundo.
Pero no todo lo que se hace allá es lo que los peruanos "consumimos": solo nos envían lo que consideran que es lo más apropiado, lo que "nos va a gustar", o sea, la "latin music", la música norteamericana hecha por latinos, por la sección latina de las disqueras. Eso fue la salsa, un producto de Nueva York para migrantes latinoamericanos que se sentían identificados con lo que dicho género representaba para ellos. Y si funcionó para los migrantes también tenía que funcionar para los demás.
En Latinoamérica no todos somos "afrolatinos"
El problema con ello es que no todos somos "afrolatinos" ni vibramos con las congas y los movimientos frenéticos negros. La gran mayoría de latinoamericanos no tenemos raíces africanas y carecemos del biotipo o conformación para gozar de ellas. Pero eso no es lo importante sino la dependencia que se ha generado con respecto a la "moda" dictada por Norteamérica.
La moda del hip hop
Su principal producto de exportación ahora es, una vez más, los ritmos negros de Nueva York, esos que crean los más pobres y con los cuales tratan de liberarse de la discriminación y el racismo. El hip hop o reggaetón, una especie de rítmica para hablar muy típica de las tribus africanas desde hace miles de años. Y en nuestro andino y raleado Perú surgen, como antes sucedió con los grupos rockeros, miles de jóvenes que encuentran en ello "su expresión" sin saber que eso tiene un origen específico y que sirve para manifestar un tipo de sentimiento que aquí no tiene sentido ni razón de ser.
La gente los ve en los micros haciendo malabares con la rima pero se hace notoria la enorme distancia que hay entre los que lo hacen y lo que el peruano común y corriente piensa y siente. Prueba de ello es que para los cantos patrioteros futbolísticos se prefiere una criollada o seudo canción criolla para cantarle al Perú que un rap afronorteamericano.
El resurgimiento
Pero para no ver solo lo malo de lo que ocurre la alternativa que ha surgido ha sido, a mi entender, excelente. Se trata de la cumbia andina o la chicha, como se prefiera. Analizando bien el fenómeno lo que se observa es que son producciones propias que están acopiando lo mejor que tiene la música nacional. Están ahí los mejores cantantes, los mejores bailarines, los mejores músicos y, en especial, los mejores arreglistas.
A muchos "clasemedieros" esta música les parecerá "inferior" al jazz (el género de los "inteligentes que sí saben de música") pero es solo porque no tienen amplitud de criterio y solo aprecian lo que les gusta, que no es lo mismo que valorar lo bueno. Las grabaciones, los discos locales son cada vez mejores y no tienen que envidiarle nada a los chilenos o a los estudios de California. Se nota que cada día se perfeccionan y encuentran nuevos caminos. Incluso hasta los videos han evolucionado, como podemos comprobar con el de Corazón Serrano "Hasta la raíz", un cover de Lafourcade pero una creación magistral de Ángel Films, a mi entender el mejor video musical hecho hasta ahora en la historia de la música peruana.
Lo que necesita
Sin embargo ¿qué falta aún? En mi opinión letra, contenido, profundidad en su expresión. Eso que tuvo el tango cuando buscaban poetas para ponerles los textos a la música, eso que tenían Pinglo y Chabuca Granda: conocimiento, observación, sensibilidad para expresarse, grandeza en la palabra. Esa es la principal razón por la que la canción criolla ha muerto: por la ausencia de inteligencia, por la vulgaridad y simplismo de su decir que no se condice con esta época. La cumbia peruana tiene que dar un paso más y es hacia su vinculación directa con la vivencia de la gente (algo de lo que sí tuvo Chacalón). Y en segundo lugar también tiene que recuperar la belleza de la melodía; no todo es "mover el cucú". La música es algo más que bailar frenéticamente; también es oír, gustar, paladear, soñar, navegar en el inconsciente. Dos elementos, letra y melodía, que avizoro muy pronto veremos presente en este género auténticamente peruano. 


lunes, 4 de junio de 2018

¿Criollismo o criollada? Sobre la actual situación de este género



La pasión futbolística ha desatado una ola de nacionalismo que hace mucho no vivíamos los peruanos. Eso no es invento nuestro: lo viven todos los países del mundo, y es algo fomentado por todos los Estados sin excepción. No digo que no sea natural: el amor a la tierra, a lo propio, lo es. Lo que es exaltado es el nacionalismo, una vinculación extrema hacia una idea de identidad llamada patria o nación.

Para el anarquismo esa idea de nación o de patria es perniciosa, y argumentan que el ser humano está preparado para vivir sin una macro organización puesto que le basta ponerse de acuerdo de manera inteligente para que todos sean libres de vivir como quieran sin que existan leyes que lo dispongan y normen. Los filósofos griegos estoicos se llamaban a sí mismos "kosmou polites" o ciudadanos del mundo porque decían que no tenían que sujetarse al hecho de haber nacido en determinado lugar y tiempo y que por ello se sentían más libres que los demás.

Más fuerte que nuestros deseos
Pero a pesar que esa idea siempre ha rondado la cabeza de mucha gente, y no sin razón, lo cierto es que nos guste o no nacemos humanos e hijos de una madre determinada a quien no se puede dejar de amar por lo que es y por lo que nos dio. Si somos lo que somos es porque ella (o él) así lo quisieron, y actuamos de acuerdo con eso sin poder evitarlo. Nacer no es un acto voluntario y nadie nace donde quiere ni como quiere. Por lo tanto el amor, el afecto hacia lo que nos dio la vida, es natural, tal como lo demuestran todos los animales.

Primero somos masa, después individuos
Pero tampoco somos solo hijos de nuestra madre natural sino también ella forma parte de un contexto llamado sociedad en la cual vive y a la cual nos inserta casi siempre con éxito. Mucho antes que tomemos conciencia de nuestra individualidad lo que somos es parte de un todo, de una masa no diferenciada y nuestro mayor esfuerzo lo dedicamos a "hacer como hacen los demás", a imitar, a aprender de otros cómo tenemos que vivir. Sin esa actitud natural no aprenderíamos ni a caminar ni a hablar ni nada; nuestra primera noción no es individual sino colectiva.

Solo después, en nuestro proceso filogenético, es que nos hacemos individuos, cuando tomamos conciencia que además de ser parte de un todo somos también seres autónomos, con capacidad de pensar y actuar al margen de lo que indiquen las mayorías. Muchos animales también tienen esa facultad, en especial los mamíferos, de modo que eso es exclusivo del ser humano. Pero esa individualidad no nos hace ajenos a nuestro medio puesto que es muy difícil, si no imposible, llegar a vivir completamente solos; un ser absolutamente solitario es un ente destinado a su desaparición, es el expatriado o expulsado condenado a la muerte en vida. Por lo que necesariamente nuestra realización como seres vivos tendrá que ser siempre en sociedad.

¿Y qué hay de la música criolla?
Pero ¿qué tiene que ver esto con el criollismo? En que la expresión de una sociedad se manifiesta muchas veces en sus manifestaciones culturales, una de las cuales es la música. En el caso concreto actual, la música criolla se ha convertido en un símbolo patrio dejando de ser lo que fue en sus comienzos: una expresión popular de fiesta, de amor y de pasatiempo. Esto por un lado puede significar que dicho género se ha realzado obteniendo una categoría superior a la que tenía, pero por otro lado ha sufrido también una transformación que, quiérase o no, la ha deformado.

Porque las expresiones musicales populares suelen caracterizarse por ser espontáneas y un reflejo del momento en que se vive; son un termómetro o una manifestación que demuestra el sentir de aquellos que no encuentran otra forma de dar a conocer lo que sienten y piensan. Y si estas empiezan a ser constreñidas por un Estado que requiere de mecanismos de unión o de uniformización el resultado es que adquieren un carácter o "cliché" que las aleja de lo que originalmente fueron. Ha pasado siempre en distintas ocasiones en la historia en que el Estado se apropió de una determinada música y la convirtió en un símbolo nacional.

Cuándo nació la criollada
Con la música criolla peruana ha ocurrido esto. Durante la época de Velasco se buscaron distintos elementos que contribuyeran con su ideario nacionalista y uno de ellos fue la música. Ello recayó en la creatividad de un compositor, Polo Campos, quien contribuyó con el pedido de crear canciones criollas de exaltación patriótica que fueran con la línea aquella. Polo Campos no era un cualquiera. A pesar de su origen ayacuchano alcanzó un éxito extraordinario surtiendo de melodías a la industria fonográfica peruana que estaba necesitada de temas que, por su llegada, fueran vendibles y así resultara un buen negocio invertir en ellas.

Esa resultó ser la era de oro de la música criolla pero también su fin. Se la transformó de ser una manifestación de una forma de vida (criolla) a ser únicamente una "canción", un valse, festejo o polca, desligándola de sus raíces y causales. Ya no era el criollo quien la creaba y entregaba a la sociedad sino el "especialista en crear música criolla para las ventas" el que instalaba el género en el imaginario colectivo nacional. ¿El resultado? Mientras que la industria del disco desapareció hasta el día de hoy la idea de música criolla vinculada a la fiesta, diversión, jarana o juerga quedó entre la gente, así como la idea de que "es patriótica".

Cómo se ve a la música criolla
Por supuesto que toda canción puede ser patriótica (como lo demuestran muchos valses hechos durante la Segunda Guerra con Chile así como la denominación de "marinera" creada por Gamarra) pero eso no la vuelve "patriotera", y hoy por hoy, si hay alguna música "patriotera" esa es la criolla, aquella que utilizando letras elementales y pegajosas demuestra una "peruanidad" que casi solo sirve para los eventos deportivos, nada más. Los "criollos" son ahora personajes pintorescos dedicados, como si fueran "personal trainers", a levantar el entusiasmo por los símbolos patrios apoyando, quieran o no, a todos los gobiernos de turno.

¿Qué se ganó y qué se perdió? 
Se ganó en popularidad masiva, porque tanto en las barras bravas como en las reuniones familiares se opta por esta expresión salpicada de licor, bulla, gritos y fanfarria entendiendo que el criollismo es para destapar nuestros instintos más primitivos envueltos en una bandera. Pero se perdió todo lo demás: el afecto, la pasión, la poesía, el retrato popular, la sensibilidad, el cariño, la sutiliza y sobre todo: la inteligencia. Una letra más o menos bien escrita resulta ser "demasiado complicada" para saltar y gritar en un partido de fútbol. Canciones como las de Chabuca Granda, la máxima expresión de cultura en dicho género, son detestadas por muchos músicos por ser "muy tristes y aburridas", solo para pituquitas delicadas.

En conclusión
Si hay alguna explicación a la decadencia de la música criolla peruana actual es por causa de su vulgarización patriotera y por la idea comúnmente aceptada que "es para la juerga" y no para el cerebro, para el alma ni para cualquier otra cosa. La juventud prefiere el género rap o hip hop (que nada tienen que ver con nuestra realidad) para expresarse, aunque esto dista mucho de llamarse música y aún está a años luz de ser poesía. No opta por lo criollo porque no lo ve "serio", y muchos artistas no se dan cuenta de ello y prefieren dejarlo así. Los pocos cultores "privados" de los llamados centros music
ales se dedican más a una labor de investigación histórica (canciones "del pasado") como si el solo rescatar lo antiguo fuera suficiente. Conocer el pasado es fundamental siempre y cuando se mire hacia el futuro. Quedarse en él es condenarlo a la muerte.

domingo, 25 de marzo de 2018

Mitos que se caen junto con PPK

La caída del gobierno de Pedro Pablo Kuczynski nos deja un sabor amargo a todos puesto que con él se caen una serie de ideas que hasta hace poco creíamos que eran de algún modo “verdades” indudables. Resumo diez de ellas pero pueden ser más o bien pueden no ser las correctas, pero son aquellas que, a mi parecer, se han venido repitiendo insistentemente en los medios de comunicación durante los últimos años.

1. El país es una empresa
No lo es y, por lo tanto, no puede ser gerenciado por un empresario, un economista o un contador. La misión u objetivo de un país no es “producir ganancias” o hacer buenos negocios; la razón de ser es el bienestar y beneficio de sus pobladores y para ello no es requisito buscar la mayor rentabilidad en las finanzas, como lo demuestran varios países que logran ingentes ingresos a la par que tienen a sus pueblos en la más absoluta miseria.

2. Los tecnócratas son los mejores para gobernar
Los especialistas o tecnócratas son expertos en su oficio específico pero no tienen las condiciones ni la preparación para el mando o conducción política de una nación. No es lo mismo ser el técnico que el piloto, el mecánico que el capitán.

3. La economía lo es todo, estúpido
El dinero por sí solo no hace nada: necesita a una persona que lo sepa usar. Ganar mucho dinero no hace a nadie más inteligente ni capaz. Los mayores logros se pueden realizar con mínimos recursos si se utiliza bien la inteligencia y el esfuerzo humano, como así lo demuestra la historia de la humanidad. Ser rico tampoco lleva a nadie a la felicidad, como lo podemos observar por la enorme cantidad de ladrones, narcotraficantes, herederos y ganadores de loterías que están lejos de ser considerados como felices. La felicidad no es tener sino estar satisfecho con lo que se tiene.

4. Las inversiones son lo más importante
Se puede invertir en un negocio que vaya en perjuicio del ser humano y de la naturaleza, se puede invertir de mala forma, en contra de las leyes y mediante corrupción (como nos lo demuestra el caso Lava Jato), se puede invertir en empresas que buscan principalmente explotar y aprovecharse de la pobreza de la gente (como sucede en todos los países subdesarrollados). Invertir por invertir no resuelve nada y más bien puede empeorar las cosas si es que de por medio no hay una idea clara de qué se quiere lograr con dichas inversiones.

5. El Congreso es inútil
La diferencia entre la monarquía, la dictadura y la democracia es que ésta última requiere para serlo de un Congreso donde se albergue a la oposición para que exista un equilibrio de poderes y se expresen e investiguen los que encuentran las fallas de cada gobierno. Además el Congreso es el que elabora las leyes en función a los intereses de la población y no de los grupos de poder. Eliminar al Congreso, por la razón que sea, es abandonar el régimen democrático.

6. La corrupción la cometen los funcionarios públicos
La corrupción, como el matrimonio, es un acto de dos: del público y del privado, donde el privado busca al público para obtener de ello una ganancia ilegal. El caso Lava Jato muestra que el origen de la corrupción está en la ambición de los privados por obtener ventajas a costa de los públicos a quienes se les ofrece dinero por ejecutar malas maniobras. Por ello la corrupción debe ser combatida con la misma severidad tanto en la parte privada como la pública.

7. La derecha o la izquierda son de por sí malas
Tanto la derecha como la izquierda en todas partes del mundo tienen que coexistir, cada una representando a un sector de la población. Si prevalece solo una y se margina a la otra se genera un desequilibrio que suele terminar en caos o guerras civiles. Un gobierno estable debe procurar siempre aceptar que ambas posturas coexistan y para ello se debe buscar el término medio que permita alcanzar el equilibrio como punto de acuerdo entre las dos partes.

8. El país debe estar alineado con el poder mundial de turno
Las grandes potencias tienen sus propios intereses que no contemplan los de los otros pueblos, y todo gobierno debe tener siempre presente ello. El escuchar y obedecer al poderoso no asegura que el gobierno interno sea estable y que su población esté de acuerdo con que se oriente todo solo para beneficiar a los negocios y empresas extranjeras. Ni a Toledo ni a PPK les sirvió de nada poner sus gobiernos al servicio de Washington; sin un mínimo de autonomía para pensar en el propio país se cae en el extremo de la desnacionalización que lleva a la larga a un descontento profundo y a una inevitable crisis.

9. La política es enemiga de un buen gobierno
Todo el que participa en la administración pública hace política y haga lo que haga afectará al país. Nadie es absolutamente neutral pues toda persona tiene al menos una idea vaga de lo que es la política. Aducir que se es técnico o que solo se obedece órdenes es una manera de justificarse pues nada obliga a que una persona no pueda renunciar a su puesto si nota que algo no se está haciendo bien. Todos somos políticos a pesar nuestro y no hay forma de eludirlo.

10. Los novatos son preferibles a los viejos
Las recientes elecciones han demostrado que los “nuevos”, los que nunca han hecho política partidaria, los “outsiders”, pueden ser tanto o más capaces de ser corruptos o hacer peor las cosas. El no haber participado nunca en nada no asegura la probidad y eficiencia de nadie. El provenir de la empresa privada o de una gerencia particular no significa que se sabrán hacer correctamente las cosas y con la necesaria honradez requerida.

jueves, 15 de marzo de 2018

Verdad, ciencia y paradigmas

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Al respecto del control sobre las investigaciones de fenómenos desconocidos


Si bien es conocida y aceptada en parte la idea de que los llamados "paradigmas" se imponen en cada época y sociedad eso no quiere decir que la ciencia se abra paso por sí sola; lo que sucede es que lo que cambia es el poder (como del eclesiástico al burgués en el caso de Europa) y es ese nuevo poder el que establece aquello que es "lo verdadero" de la ciencia.

"La ciencia" en realidad es solo un constructo mental, una palabra que pronunciamos o escribimos; pero lo real y concreto, su aplicación, está a cargo de quienes deciden qué de lo que se sabe "es oficial" y qué no. No basta con que un científico aislado en un laboratorio descubra algo; ese experimento, ese estudio, por más que esté bien hecho, puede ser visto como una amenaza, un peligro para determinadas entidades comerciales (laboratorios) o estatales (el ejército) y por lo tanto se lo "silencia", se "confisca" y se margina al susodicho científico. El caso Galileo, que ilustra esto, sucedió en la era pre moderna, pero el caso Tesla ocurrió ya en la era moderna.

Los científicos entonces son solo los obreros que trabajan sobre la materia; sus resultados necesariamente tienen que pasar todos por el tamiz del poder. Pero el poder no solo es el Estado: es principalmente el establishment, que es más que un gobierno (que es algo pasajero) o un Estado (que implica solo un ámbito local). Como sabemos, las revistas internacionales de ciencia, los grandes laboratorios, las instituciones de investigación, universidades u ONG privadas tienen dueños que no conocen fronteras, y sus representantes son quienes "aprueban o desaprueban" las investigaciones dependiendo del grado de implicancia que ellas tengan para el normal funcionamiento de la sociedad de mercado. Más importante que los descubrimientos en sí es la evaluación de si eso afecta o no los intereses y el control de dicha sociedad. Exactamente igual que lo que ocurrió con Galileo pero con un sentido más "comercial", menos religioso.

De modo que ideas como que "la ciencia se abre paso" son solo puras fantasías, simples creencias que albergan muchos de los que todavía, ilusamente, desligan la ciencia del poder cuando en realidad son un binomio indisoluble. Lo que le faltó en sus análisis al filósofo Thomas Kuhn, creador de la noción de “paradigma” en su obra La estructura de las revoluciones científicas, fue el factor político en la ciencia debido a que muchos de los "teóricos" como él cometen el error de creer que el estudio de la ciencia es algo puramente ajeno a los intereses humanos, como si trataran con un problema matemático o con jugadas de ajedrez.  

Desde siempre se ha dicho que "conocimiento es poder" y la ciencia hoy más que nunca significa únicamente poder (revisemos el caso de la creación de la bomba atómica en Álamo Gordo y sus ilustres personajes como Fermi, Oppenheimer o Einstein manipulados por Truman). De modo que si algún día cambian los "paradigmas" no será para que la ciencia sea como quisiéramos que fuera, clara e imparcial, sino para que sea lo que siempre será: el reflejo de la sociedad que existe en ese momento.

En conclusión, los cambios de "paradigmas" no se dan realmente en la ciencia sino en el poder, el cual necesita incorporar nuevas formas de entender la realidad pero orientadas de acuerdo con sus intereses.


martes, 19 de julio de 2011

El racismo es por dentro, no por fuera

El problema racial en el Perú sí es algo principal tanto como lo fue en la Sudáfrica del apartheid. Pero no porque una piel sea mejor que otra (en tal caso, la más oscura sería superior porque resiste más la radiación solar) sino por lo que ella significa socialmente. Tener el color blanco es haber nacido de una madre y un padre de origen europeo o norteamericano. De estos hay pocos, claro está, pero tal hecho se encuentra asociado a pertenecer a la "clase dominante" o a ser "un superior", cosa que de por sí implica que ser blanco es “poseer un valor natural”.

Si usted es blanco en el Perú no tendrá impedimentos para estar o ingresar a los lugares más exclusivos aún sin tener dinero. Si usted es blanco podrá insultar a su regalado gusto al policía, al juez o al congresista porque, en su mayoría, todos ellos son “cholos”, provincianos de segunda. Si usted es blanco otros blancos se le acercarán y le dirán: "oye, únete a nosotros para que ‘éstos’ no se nos vengan encima y los podamos explotar como nos dé la gana". Sin haber abierto la boca el blanco ya pertenece a un club exclusivo de "patrones" por esta simple situación de afinidad.

¿Y qué blanco diría que no, que no estoy de acuerdo porque blancos y cholos en el Perú somos iguales, que no me parece que a mí me traten como a un rey sin haberme preguntado cuánto realmente tengo en el bolsillo? Tendría que estar loco o ser un renegado para hacerlo. Entonces, con este tipo de lógica, pensamiento y actitudes ¿se puede hablar de igualdad, de no-racismo en el Perú?

Claro; existen personas que salen en los medios a decir que "soy tan cholo como cualquiera, aunque sea colorado". Mueve a risa. Nadie los ha visto en su casa ni se los conoce cómo son en realidad, pero sabemos que en verdad son puras poses. Ante esto se dirá: entonces ¿qué es ser "del pueblo”?

Para saberlo lo primero sería no tomar las cosas por su envase, por su envoltura, sino por su contenido. No importa si se tiene tal o cual color de piel o si se nació en tal zona de la ciudad. Lo único que vale es de qué lado se está. Para decirlo en términos futbolísiticos: para dónde se patea.

Si se patea para los ricos difícilmente uno será del pueblo. Pero si se patea a favor de los más pobres y enfermos para que tengan una buena atención hospitalaria (y no necesariamente un buen hospital porque estos suelen ser “faenones”), para que los trabajadores reciban el sueldo que les corresponde, para que a nadie se le discrimine por no haber estudiado en una universidad privada y hecho su doctorado en el extranjero (como si ese fuera el único camino para ser "importante"); si se piensa y se actúa de esta forma en la vida diaria, así se sea blanco como la nieve y se tengan los ojos más azules que el cielo de Huaraz se pertenecerá al pueblo.

Pero dirán que los cholos no lo van a aceptar porque ellos también son racistas con los "blanquiñosos". Eso no es cierto. El ejército de Túpac Amaru, en su primera etapa, estaba formado por españoles y peruanos blancos, negros y cholos de todo tipo. La causa común hacía olvidar mágicamente esos "detalles", lo cual demuestra que toda diferencia se puede superar cuando los principios son comunes y la metas superiores.

El racismo inverso, el del cholo al blanco, solo ocurre en respuesta al primero, cuando el blanco construye a su alrededor un sistema legal y social que lo favorece ostensiblemente. Si éste no se diera se comprobaría que la sociedad peruana no es por naturaleza discriminatoria sino, por el contrario, inclusiva, pues por tradición provenimos de una cultura que asimila los valores y expresiones foráneas siempre y cuando estos sean considerados como positivos.

Según Basadre la culpa del destino del Perú la tiene su clase dirigente, mientras que Hernando de Soto los desenmascara al acusarlos de ser mercantilistas (de vivir a costa de los grandes contratos del Estado, el único gran negocio que se puede hacer en este país). Desgraciadamente esa clase dirigente siempre se ha refugiado en sus características raciales para formar una especie de logia basada sobre el común “origen extranjero” de sus ascendientes. Al verse entre ellos se identifican y saben que están hablando con “uno de los suyos”, de modo que pueden ejercer sin problemas sus intercambios de beneficios y prebendas.

Eso es precisamente lo que ha ocasionado el atraso y el caos en el que actualmente vivimos pues tenemos una nación conducida por personas que, en vez de ver a su país como su casa, como su lugar de residencia y última morada, lo ven como una chacra, como un centro de enriquecimiento no importándoles si ésta se encuentra bien, saludable y ordenada. Solo les interesa la ganancia que puedan obtener para al final irse a refugiar al país de sus ancestros y del cual han obtenido su nacionalidad.

De modo que no es la piel la causa del problema: es el espíritu de un grupo de peruanos que usufructúan dicha peculiaridad cromática y que la emplean como una ventaja a la hora de recibir los favores del Estado. Ese espíritu de lucro y egoísmo ha convertido a toda esta clase "alta y blanca" del Perú en seres desesperados que viven mirándose a sí mismos y a sus bolsillos preocupados por las amenazas de que tal relación ventajosa de poder algún día se acabe.

Y esas amenazas siempre han provenido, como pasó en Sudáfrica, del lado de quienes son los perjudicados de origen, de aquellos que sin haber empezado a jugar están ya condenados a perder, de esos ciudadanos de cuarta categoría (como los parias de la India) que lógicamente ven que esto es una clara y descarada injusticia, de los cholos, de los nativos, de los andinos y, por extensión, de todos aquellos que provienen de las culturas prehispánicas de nuestro continente.

Por lo tanto si queremos superar las taras que nos impiden sentirnos como una nación orgullosa de sí misma y de su gente (y no solo de su territorio y sus restos arqueológicos) tenemos que encontrar la manera de superar esta mirada colonialista, de acabar con esta execrable forma de discriminación para establecer reglas claras de juego donde todos sin excepción, y sin considerar sus vínculos con determinados grupos cerrados de poder, tengan las mismas oportunidades de aportar un bien para las mayorías de nuestra patria.