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jueves, 15 de marzo de 2018

Verdad, ciencia y paradigmas

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Al respecto del control sobre las investigaciones de fenómenos desconocidos


Si bien es conocida y aceptada en parte la idea de que los llamados "paradigmas" se imponen en cada época y sociedad eso no quiere decir que la ciencia se abra paso por sí sola; lo que sucede es que lo que cambia es el poder (como del eclesiástico al burgués en el caso de Europa) y es ese nuevo poder el que establece aquello que es "lo verdadero" de la ciencia.

"La ciencia" en realidad es solo un constructo mental, una palabra que pronunciamos o escribimos; pero lo real y concreto, su aplicación, está a cargo de quienes deciden qué de lo que se sabe "es oficial" y qué no. No basta con que un científico aislado en un laboratorio descubra algo; ese experimento, ese estudio, por más que esté bien hecho, puede ser visto como una amenaza, un peligro para determinadas entidades comerciales (laboratorios) o estatales (el ejército) y por lo tanto se lo "silencia", se "confisca" y se margina al susodicho científico. El caso Galileo, que ilustra esto, sucedió en la era pre moderna, pero el caso Tesla ocurrió ya en la era moderna.

Los científicos entonces son solo los obreros que trabajan sobre la materia; sus resultados necesariamente tienen que pasar todos por el tamiz del poder. Pero el poder no solo es el Estado: es principalmente el establishment, que es más que un gobierno (que es algo pasajero) o un Estado (que implica solo un ámbito local). Como sabemos, las revistas internacionales de ciencia, los grandes laboratorios, las instituciones de investigación, universidades u ONG privadas tienen dueños que no conocen fronteras, y sus representantes son quienes "aprueban o desaprueban" las investigaciones dependiendo del grado de implicancia que ellas tengan para el normal funcionamiento de la sociedad de mercado. Más importante que los descubrimientos en sí es la evaluación de si eso afecta o no los intereses y el control de dicha sociedad. Exactamente igual que lo que ocurrió con Galileo pero con un sentido más "comercial", menos religioso.

De modo que ideas como que "la ciencia se abre paso" son solo puras fantasías, simples creencias que albergan muchos de los que todavía, ilusamente, desligan la ciencia del poder cuando en realidad son un binomio indisoluble. Lo que le faltó en sus análisis al filósofo Thomas Kuhn, creador de la noción de “paradigma” en su obra La estructura de las revoluciones científicas, fue el factor político en la ciencia debido a que muchos de los "teóricos" como él cometen el error de creer que el estudio de la ciencia es algo puramente ajeno a los intereses humanos, como si trataran con un problema matemático o con jugadas de ajedrez.  

Desde siempre se ha dicho que "conocimiento es poder" y la ciencia hoy más que nunca significa únicamente poder (revisemos el caso de la creación de la bomba atómica en Álamo Gordo y sus ilustres personajes como Fermi, Oppenheimer o Einstein manipulados por Truman). De modo que si algún día cambian los "paradigmas" no será para que la ciencia sea como quisiéramos que fuera, clara e imparcial, sino para que sea lo que siempre será: el reflejo de la sociedad que existe en ese momento.

En conclusión, los cambios de "paradigmas" no se dan realmente en la ciencia sino en el poder, el cual necesita incorporar nuevas formas de entender la realidad pero orientadas de acuerdo con sus intereses.


martes, 13 de marzo de 2018

La canción de autor, o trova, en el Perú


El siguiente es un comentario surgido a raíz del artículo “Canción de autor en España: memorias off the record” publicado en Internet  por autor no especificado con la intención de dar un punto de vista particular sobre dicho fenómeno en el ámbito peruano.

La expresión musical llamada Trova se remonta mucho más atrás en la historia del hombre, y se sobreentiende que no ha habido pueblo que no haya contado con un poeta o un trovador que cante sus vicisitudes y conserve su memoria.

En el caso particular de Occidente, la historia de los trovadores ha sido variada y compleja, habiendo pasado por diferentes etapas que van desde las más sencillas y opacas (poetas cantantes que iban de pueblo en pueblo viviendo con lo que podían) hasta las más notables (los juglares en la Edad Media europea que eran recibidos gratamente en las cortes como vehículos de información y distracción). Más contemporáneamente esa función la desempeñaron jóvenes cantantes de la pos guerra cuyo éxito despertó la ambición de las casas disqueras.

La influencia y presencia de los trovadores está necesariamente vinculada al curso de los acontecimientos históricos que determinan el grado de importancia e influencia en cada una de sus sociedades. En el caso de Norteamérica, las guerras mundiales y la proliferación de lo medios de comunicación produjeron una etapa de cambios en la década de los sesenta. Una manera de canalizar esa situación fue el surgimiento de los poetas-cantores quienes emplearon el rock y el folk para comunicarse. Este fenómeno se prolongó hasta comienzos de los años setenta para, finalmente, ser absorbido por la maquinaria económica que, eliminando su contenido poético-político, hasta la actualidad viene empleando solo su forma y su estructura musical (las consabidas fórmulas de grupos rock con indumentaria y gestos desaforados, elementos que se dirigen de manera exclusiva a los jóvenes, en vista que son ellos los grandes consumidores y sostenedores de la industria de la música).

Como consecuencia de ello se puede decir que, actualmente, los poetas-músicos auténticos de las grandes ciudades han vuelto a sumergirse en las oscuridades de la sociedad comunicando, a solo unos pocos, cuáles son los verdaderos sentimientos, deseos y frustraciones del ser humano contemporáneo (la llamada cultura subterránea). La sociedad de mercado no los necesita y por eso los ignora, creando a su vez ciertos sustitutos que consuelan a quienes buscan mensajes y sensaciones más fuertes que las románticas melodías convencionales (en el ámbito de habla hispana se pueden identificar personajes como Sabina, Andrés Calamaro, Charly García, Ismael Serrano, Fito Páez, Alberto Plaza y, muy particularmente, Ricardo Arjona, por poner solo algunos ejemplos). Estos apenas rozan la verdadera realidad del hombre contemporáneo; no llegan a cuestionarlo.

Todos estos “trovadores” están incorporados al sistema, respetan puntillosamente sus reglas y se benefician de ello, mientras que la gente ¾su público consumidor¾ piensa que a través de ellos y de sus mensajes están siendo reflejadas sus propias vicisitudes (pero, en verdad, solo muestran una parte de ellas, las románticas y las de rebeldía adolescente, ignorando las más radicales, aquellas que determinan los verdaderos acontecimientos de la vida humana). La razón es que, si mostraran eso, afectarían directamente a los intereses de sus casas disqueras pues estarían cuestionando la cosificación del ser humano y la sociedad de consumo.

Ahora bien, en el caso particular del Perú, es indudable que, al igual que en todas partes, ha tenido trovadores de toda clase según su devenir histórico. En la época prehispánica cuenta Garcilaso que, en el imperio incaico, esta función la ejercían ciertos poetas ambulantes denominados en quechua como "arawix". Es obvio que deben haber habido infinidad de formas y variantes de cantantes e intérpretes de la historia y acontecimientos andinos. Ya en la época hispánica surgen varios movimientos de expresión popular como el llamado Taki Onqoy; éste era una danza acompañada de letras de carácter reivindicativo y venía a ser subversiva para la colonia (puesto que quienes participaban en ella eran trovadores-bailarines que iban de pueblo en pueblo recordando lo grande que había sido el imperio incaico y de cómo tenía que hacerse para regresar a él, expulsando a los españoles; se trataba, entonces, de una “música protesta”, razón por lo cual fue combatida y suprimida).

También existieron otros tipos de músicos trashumantes quienes, cargando sus arpas, violines, vihuelas y guitarras, compusieron una serie de melodías, historias y poemas que, hasta la fecha, se recuerdan sin que se sepa el nombre de sus autores. Hoy se puede ver a esos trovadores pero principalmente en las zonas más humildes y apartadas de las grandes urbes: en las caletas de pescadores, en los pueblitos del interior y en los villorrios. Igualmente es posible encontrarlos en alguna feria popular, en eventos familiares o en los bares y cantinas amenizando alguna reunión. Pero, como es de esperarse, sus apariencias no encajan con lo que industria de la música exige, motivo por el cual no se les reconoce oficialmente como “artistas” sino solo como “músicos populares”.

A pesar de ello, irónicamente sus creaciones constantemente están alimentando al "star system", el cual se encuentra conformado por los intérpretes que sí se incorporan a las estructuras reguladas del sistema. Por eso es que se dice que la verdadera inspiración siempre “viene del pueblo y va hacia él” (César Vallejo, poeta peruano). Pero eso sí: la industria del disco no acepta canciones con letras comprometidas que tengan algún tinte político o reflexivo. Rara vez logra darse algo así y eso solo cuando un determinado fenómeno es ya imposible de ocultar (como el caso de la canción “Flor de retama” del trovador Ricardo Dolorier, que fue un popular huayno-himno en la época de la subversión del grupo maoísta Sendero Luminoso). Quiere decir que los trovadores-músicos-poetas del pueblo siempre existen, pero viviendo al margen de los medios de comunicación, transmitiendo sus mensajes para unos cuantos privilegiados que los saben valorar y escuchar.

Finalmente, con respecto a influencia que tuvo la trova en su forma cubana en ciudades como Lima, el llamado movimiento Nueva Trova de Cuba (nacido en calor de la Revolución cubana y apoyado totalmente por el Gobierno, única explicación de su fuerza e impacto) influyó en los años sesenta exclusivamente en un sector de la clase media y media alta de Lima (que en aquel entonces era izquierdista-intelectual), por eso es que muchos de esos jóvenes imitaron dicho modelo intentando desarrollar movimientos musicales parecidos (hacían música popular con textos políticos, pero normalmente utilizando ritmos cubanos y argentinos). Fue en esa época que surgieron intentos notables como el del músico académico Celso Garrido Lecca, quien, apoyado por el espíritu nacionalista del gobierno de Juan Velasco Alvarado, formó la Escuela de Arte Popular de la cual surgieron artistas y grupos interesantes como Tiempo Nuevo (el cual estaba integrado en su mayoría por estudiantes de la Universidad Católica).

Por otro lado, se hicieron también esfuerzos personales pero con modelos más liberados del discurso político, como lo hecho por Chabuca Granda, cuya influencia sirvió para formar a los más identificables y renombrados cantautores peruanos hechos bajo dichos parámetros (que exigía el uso de ritmos propios del país): Andrés Soto de la Colina y Daniel “Kiri” Escobar. Ambos trovadores tienen en común el empleo de ritmos peruanos para expresar, no solo sus sentimientos, sino también situaciones sociales agudas de su propia sociedad (la marginalidad, la pobreza, el racismo, la injusticia, etc.).

Los años setenta fueron para ellos de apogeo, pues eran vistos como los “Silvios y Pablos” peruanos, siendo de este modo aceptados por la clase alta, ansiosa de ponerse a la moda y, en especial, cuidadosa de respetar la opinión de la aristocrática Chabuca (Isabel Granda Larco) quien los apadrinaba. Luego de esta primera generación, a fines de esta década, aparecieron otros dentro de la misma línea pero cuyos textos empiezan a despegarse del discurso marxista panfletario de los setenta y se acercan al intimismo y posmodernismo de los ochenta (entre ellos se puede mencionar a Juan Luis Dammert).

Con el pasar de la moda izquierdista empieza la era del todo vale, pues solo quedó el Capitalismo y la sociedad de mercado como único modelo político. Esto hace que la generación de trovadores urbanos limeños siguiente (Pepe Villalobos, Lino Bolaños, Piero Bustos, y otros) se dispersen, a mediados de los ochenta, por caminos diversos u opuestos. Los suceden trovadores más influenciados por el rock (como Daniel F o Rafo Ráez), que es la expresión musical más aceptada por la mayoría de jóvenes. Sus obras reflejan más bien la idea de la globalización (el mundo es uno solo y todos pasamos por lo mismo y a todos nos duele lo mismo) pero con un marcado acento urbano y personal (mi realidad es la misma de la de todos) lo cual logra captar a un importante sector del mercado contracultural.

En la búsqueda del mito de la universalidad, de lo globalizado, estos músicos se encuentran más desligados del contexto del país, de la realidad integral y de los problemas coyunturales particulares del Perú. Además evitan tocar las bases de la sociedad de mercado (solo la insultan), ignorando la existencia del mundo campesino no urbano y hablando solo del estilo de vida hedonista y relajado de los jóvenes de los noventa, para quienes su mayor preocupación es la bebida alcohólica y las diversiones. Por esas épocas se dio el caso que jóvenes que no vivieron las convulsiones políticas de los 60 redescubren la música de Silvio y éste se vuelve una moda. Las chicas más "pitucas" (adineradas) y cabezas huecas repetían sus canciones sin saber qué decían y de eso se aprovecharon muchos para montar espectáculos dirigidos a dicho segmento. Fue el tiempo del auge de Barranco (distrito bohemio de Lima) y de sus peñas,  donde lo más saltante era la frivolidad y el relajo, motivado también por el profundo miedo a la guerra subversiva.

Sin embargo, con la caída del líder de Sendero Abimael Guzmán y la sensación de estabilidad y libertad que ello produjo, la música de contenido en ese medio se hizo prácticamente innecesaria y llegó la era del canto a la sociedad de consumo y a sus valores. Desde ahí todo ha tenido que pasar por la medida de lo económico para que algo sea válido (“salvo el mercado el resto es ilusión”). Actualmente los trovadores urbanos se encuentran navegando en el dilema de estar entre la necesidad de participar activamente del proceso económico (hacer espectáculos, vender sus discos, atraer público y medios de comunicación) y la obligatoriedad de reflejar los verdaderos sentimientos y necesidades de su pueblo.

Sin este último factor dejarían de ser trovadores para pasar a convertirse en unos productos más del sistema, razón por lo cual hoy se vive una etapa de dudas, de polémica y cuestionamientos sobre cuál debe ser el verdadero rumbo a tomar con respecto a la trova. El modelo cubano ya se agotó y la sociedad exige una forma de expresión auténtica. Hasta que esto no se halle continuará la incertidumbre respecto a qué es en este momento la verdadera trova. A pesar de todo, como se dijo líneas atrás, los trovadores marginales siempre sobreviven a estos embates y continúan su labor, principalmente en los lugares más apartados del país.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Artista adalid

Artista: ser humano creador de belleza. Adalid: persona que lleva el estandarte; un líder. Si combinamos estos dos seres en uno tendremos, a no dudar, a un personaje singular: un líder creador de belleza, o una belleza que lidera. Todo depende de cómo lo queramos ver. Para quienes sufrimos esta época nos es más grata esta segunda expresión porque ello refleja el nuevo sentido que deberían tomar las cosas en nuestra sociedad. Pero ¿qué tiene que ver el artista con el liderazgo? Veámoslo.

Desde muy antiguo el poder ha sido detentado por personajes de muy distintas naturalezas. Ha habido reyes, guerreros, religiosos, intelectuales, iluminados, delincuentes, etc. Cada uno respectivamente ha encontrado una justificación en su tiempo para asumir el mando. Pero ¿alguna vez lo han asumido los artistas? Quizá se hayan dado casos accidentales, pero han sido pocos. Hubo escritores presidentes, pero tal parece que sus gobiernos no fueron para nada artísticos pues indudablemente relegaron sus funciones creativas para efectuar las administrativas. En suma, tuvieron la oportunidad de proponer nuevos horizontes y, o no lo pudieron hacer, o no lo quisieron.

Resurgimiento de una civilización
Miremos a nuestro alrededor. Algo está pasando. Algo se está moviendo y no lo vemos con claridad pero el país ya no es el mismo de hace algunos años. Estamos un país en crisis, con una sociedad que hace agua en todas sus estructuras. Pero la razón no es debido a un fenómeno de corrupción muy común en toda cultura ni no que se trata de un proceso social que no es otra cosa que la resurgencia de una renacida civilización andina que viene presionando y socavando a la occidental desde abajo hacia arriba, desde dentro hacia fuera, con la fuerza de un huracán, con la intención de volver a ocupar el sitial que le corresponde en nuestra realidad (entendiendo por civilización andina todo aquello que actualmente se da y se genera en el ámbito de la cordillera de los Andes, incluyendo las ciudades de la costa y de la selva, y a la cual pertenecemos todos los que habitamos aquí, sin importar el color de nuestra piel o nuestro lugar de origen).

Este hecho ¿hay alguien que lo esté percibiendo? ¿Hay quien constate el suceso y lo haya empezado a reconocer, describir y pregonar?  ¿No eran acaso los artistas ¾aquellos hombres poseedores de una especial sensibilidad e inteligencia, capaces de captar lo que para el común de la gente es invisible, aptos para transformar lo oscuro en obvio con el genio suficiente para crear mundos imaginarios de la nada¾ los que deberían estar interpretado la sutileza de estos cambios? ¿Qué les ocurre: están sordos, ciegos, mancos, mudos? ¿Los mantienen acaso encerrados sin ver el mundo y sin conocer lo que está ocurriendo a su alrededor?

Miami way of life
Lo que sucede es que nuestros más selectos y sensibles artistas quienes deberían haberlo captado tienen la cabeza puesta en otra parte. La tienen puesta en Miami (otros en un plato de comida). Y Miami significa no necesariamente dicha ciudad sino todo el conjunto de valores y cosas que el mundo moderno pone a nuestra disposición. Miami significa patrones de conducta y esquemas de vida que reflejan otras realidades, por muy latinoamericanas que éstas sean (lo que puede ser válido en Cuba o en Puerto Rico no lo es en nuestro país). Lamentablemente la mayoría de nuestros artistas tienen el cerebro lleno de libros norteamericanos, ingleses, franceses y alemanes y viven diciendo como cierta vez manifestaba el escritor Vargas Llosa en sus discursos de candidato presidencial: “Algún día nuestro país será como Suiza”.

Y se la pasan enfrascados en sus bibliotecas leyendo la última traducción de algún escritor europeo o concentrados escuchando una de las más selectas grabaciones de jazz hechas por un pobre negro convertido por los blancos en mercancía. Viven condenando y burlándose de la “incultura” de la gente de nuestro pueblo, de su pueblo, quienes, para ellos, no se merecen ningún respeto puesto que no conocen a Marcel Proust o Faulkner (y a lo más reconocen, mientras sostienen un whiskey en la mano, la sorprendente  “habilidad” de estos “indios” incultos para hacer ciertas cosas que ellos no se atreverían jamás).

Es por eso que nuestros artistas se sienten frustrados y amargados, porque sueñan con un mundo que aquí nunca se va a dar. Y entre sus anhelos occidentales y sus lamentos no tienen tiempo para pensar en nuestra realidad. Me refiero a nuestra realidad andina, porque indudablemente ellos se desplazan solo por la occidental.

Pero antes esto dirán: ¿y qué hay del artista popular? ¿Cuál, el que se disfraza de “típico” y se convierte en un títere para poder sobrevivir? Ese está igualmente encasillado en el esquema Miami; la prueba de ello se halla en sus giras al exterior. Estos personajes son más bien un objeto más de la sociedad consumista. Solo exceptuaríamos de ello a ciertos músicos y actores populares, urbanos y rurales, aunque haciendo la salvedad que como todavía no han tenido la oportunidad de ser tentados por el dinero grande no se les puede juzgar terminantemente.

Artista maestro
Visto esto, ¿qué queremos decir? Que existe una civilización andina que despierta de su letargo y un artista que no lo ve. Es como si estuvieran conectados a la televisión de otros países pero no a los programas locales. Pero esto ya no debe seguir así. Es duro criticar pero no lo hago por placer o afán de notoriedad sino con el objetivo de ablandar nuestra sensibilidad y prepararla para los nuevos mensajes. Y este es el nuevo mensaje que yo daría a nuestros artistas: tenemos que ser maestros. Maestros tal como lo son los profesores de escuela primaria: personas sencillas y sacrificadas, con el corazón más grande que las necesidades y dificultades. Tenemos que vivir modestamente y aceptar nuestra posición social. Tenemos que transmitir, por sobre todas las cosas, amor hacia nuestros “alumnos” que son nuestros receptores, aquellos que asimilan el arte y a quienes debemos enseñar las tradiciones, el valor del trabajo, del sacrificio, la abnegación y la humildad. Tal como así lo hacen miles de maestros que recorren diariamente los confines de nuestra nación.

Porque un artista en nuestro mundo, el andino, no puede ser ni será nunca una “estrella”. Ese modelo hollywoodense aquí es ajeno y no se digiere. “Estrellas” solo son los de afuera: seres de plástico, productos de venta, objetos de nuestra curiosidad y divertimento a quienes solo les interesa llevarse nuestras alabanzas, nuestros aplausos y nuestro dinero. Ellos no son nuestros artistas. Ellos no reflejan nuestra realidad, nuestros sentimientos, nuestras ambiciones y necesidades. Ellos no comprenden nuestros sufrimientos y nuestras alegrías. Solo nos entretienen y mantienen ocupada nuestra mente con experiencias ajenas. ¡Olvide el artista andino el buscar ser una estrella al estilo occidental! Nosotros tenemos nuestra propia manera expresarnos y de ser y hacia eso debemos llegar.

El más indicado
Creo entonces que el papel del artista en nuestra sociedad pasa por, primero, despertar sus cualidades naturales y luego orientarlas hacia nuestra propia realidad, asumiendo así el papel de un maestro sin poses que imiten costumbres ajenas. Además debería en lo posible, evitar vivir de su arte. De esta manera tendríamos un necesitado menos y un artista más. A los que ya se estén dedicando a tiempo completo a ello solo les alentaría a que tengan la suficiente fuerza para persistir con el mismo empeño con que empezaron para que, de este modo, no caigan en la desesperanza cuando vean que sus problemas caseros se agudizan. Quien no tenga este coraje, quien no ame el oficio sin pensar en la compensación económica no pretenda entonces ser artista.

No hay otros
Los hombres cambian solo cuando sus ideas cambian, y por su facultad de percepción que les permite captar los fenómenos y las sutilezas, a lo cual se suma su capacidad de transmisión para darlas a conocer a las mayorías, el artista debería tomar conciencia que en la actualidad él es el más indicado para señalar el rumbo a seguir. Es la hora del artista. Ni los filósofos e intelectuales están preparándose para dicha acción como tampoco los científicos, los colegios profesionales o las organizaciones políticas. Veamos si no sus ideas, sus postulados y observemos que el tiempo no está propicio para ellos.

Porque dichas personas y organizaciones en verdad no saben por dónde ir ni qué hacer con el país. Quizá les falte imaginación o sensibilidad y amor por nuestra tierra; o capacidad de entrega, honradez, o simplemente valor (aunque habrá algunos que, contra viento y marea, a pesar de las pasadas y funestas experiencias, tratarán de decir que lo que se necesita es aplicar determinadas recetas importadas porque, ya que funcionaron en otro país, tienen que resultar en el nuestro por muy diferentes que seamos). El auténtico artista, en cambio, sí es capaz de saber qué hacer y de demostrar que el futuro nos pertenece, hecho por nosotros y para nosotros.

Señalar el camino
Es por esa razón que pienso que nuestro artista tiene que ser hoy el adalid; el portavoz del cambio. Y si tú, amigo lector, eres o quieres ser artista, prepárate. No hay ni habrá otro mundo mejor que el que tú mismo puedas imaginar y crear. No es tiempo de esperar a que vengan otros de afuera para que arreglen las cosas. La historia y nuestro pueblo están aguardando a que sus propios artistas cumplan con su deber. No hacerlo sería traicionarlo y condenarlo a vivir en la desilusión, el miedo y el fracaso más tiempo del que ya los ha vivido.

De modo que el artista tiene que señalar el camino. Y debe hacerlo recurriendo a las propias fuentes de su cultura y a sus manos. Todos los ojos, oídos y corazones están esperando que hable, que se manifieste, que construya algo para propiciar el cambio. Tiene que darse cuenta que el mañana que proyecte será el presente de nuestros hijos y que será juzgado en la medida que no sea consecuente con su destino.


Como decía Vallejo: “Ya va a llegar el día, ponte el alma”. Ha llegado el momento de que el artista asuma su verdad y lidere la nación. Ya salió el Sol y la noche quedó atrás. Solo queda, entonces, levantarnos y andar. 

lunes, 13 de julio de 2009

Clásicos futbolísticos, clásicas luchas


Suele no ser prudente comentar sobre pasiones, pero a veces la ocasión lo permite a pesar del riesgo. Los deportes, las actividades físicas competitivas, son los canalizadores de las emociones de las masas. De no ser por estas válvulas de escape las inquietudes se acumularían y provocarían sublevaciones y guerras de todo tipo. Esto es el ABC de toda geopolítica que nos recuerda mucho a Roma y su "pan y circo".

En el caso de ciertos países, donde la carga de frustración es aún más alta, la necesidad de maximizar la importancia de los deportes es crucial, combinándolos con gran dosis de erotismo y tanatismo a través de las páginas de espectáculos. A todo eso se lo conoce hoy como "estrategias sicosociales". En cuanto al Perú en particular, el deporte por excelencia es el fútbol porque es de carácter colectivo y de género masculino, lo que permite su identificación con el segmento más agresivo de la población. Después de una jornada futbolística este sector, que es el de mayor potencial de violencia, es satisfecho en su necesidad de expansión y catarsis. Puede haber excesos, como las manifestaciones de las barras bravas, pero son mínimas comparadas con lo que podría generarse si no existiese el fútbol. En el conocido libro El fin de la historia y el último hombre del asesor del Pentágono Francis Fukuyama menciona que los gobiernos modernos deben fomentar e incrementar los deportes en las sociedades como modo de canalizar las fuerzas pasivas que, de no ser así, podrían estallar de otra manera.

En esta esquina, los blancos

Referente a esto, no deja de ser interesante el fenómeno de los dos equipos más populares del Perú, Alianza Lima y Universitario de Deportes (U), por cuanto, de algún modo, refleja los dos tipos de sicología que corresponden a esa polarización que siempre acompaña a toda sociedad. Normalmente los que son de la U suelen identificarse con los de clase alta en la medida que se asocia a dicho plantel con lo "blanco" (que a la vez incluye el prejuicio de ser lo inteligente y superior) puesto que originalmente era un equipo de estudiantes universitarios, que era el segmento más pudiente y culto del país en el tiempo en que se creó, a comienzos del siglo XX. Al mismo tiempo se lo asocia con el concepto de "limeño" y “campeón”, por lo cual muchos migrantes, en su proceso de asimilación a la capital, lo primero que hacen es "adaptarse" a la nueva sociedad “incluyéndose” como hinchas de la U.

En esta otra, los negros

En cambio al Alianza se lo asocia con "los negros", que a la vez son los pobres (pues, a diferencia de la aristocracia universitaria de aquel entonces, es el equipo que nació en el barrio, en el callejón, con pelota de trapo). Este representa a las clases bajas, a los desfavorecidos pero que son capaces de hacer "hazañas" como, por ejemplo, ganarles a "los ricos" de la U. Desde el comienzo de estos clásicos la historia relata dichas experiencias y la verdadera fiesta no es en realidad cuando gana la U —puesto que se supone que "los patrones siempre deben ser los mejores"— sino cuando gana Alianza, que es cuando ganan los pobres, los de abajo. Normalmente son los sectores más emocionales de la población peruana, los que de algún modo están inconformes con la sociedad y gustan de apoyar al más débil, los que hinchan por este equipo.

El más popular

Pero lo que resulta sintomático es una reciente encuesta de la universidad Católica (http://blog.pucp.edu.pe/fernandotuesta/alianza-lima-en-lo-mas-alto) la cual indicó que la popularidad de Alianza era superior a la de la U. Estas cifras solían ser antes muy parejas, pero el hecho que se inclinen ahora hacia Alianza podría interpretarse de varias maneras: como que la población menos favorecida se ha incrementado, como que la migración hacia Lima ha aminorado, como que los provincianos están perdiendo el temor de serlo frente al limeño, como que ya no existen los limeños que puedan discriminar a los provincianos o como que los índices de pobreza han aumentado. Estamos haciendo una especulación sobre los resultados esperando que, más adelante, puedan surgir otras lecturas o diferentes explicaciones.

De dónde viene lo clásico

Se reproduce así, cíclicamente, en este tipo de eventos, el "clásico" combate, muy bien especificado en el circo romano, entre el mirmidón y el reciario, entre el cielo y la tierra, entre Escorpio y Cáncer, entre los dioses y los hombres, entre los ricos y los pobres. Esa es la causa de la pasión que despierta todo clásico a nivel mundial, pues éstos se dan en todas partes y en todos los deportes (en Argentina, por ejemplo, el equipo Boca Juniors es el equivalente al Alianza Lima, como River Plate, denominado como “los millonarios”, lo es a la U). Este es el combate que mantiene la vida y mueve las aguas llevando a las masas, a través de un discurso no verbal, este ejemplo de lucha eterna el cual dice: la vida es un ir y venir, es un día y una noche, un nacer y un morir, un ganar y un perder, es dominación y es libertad, es riqueza y es pobreza. Ese es el mensaje final que todo clásico encierra (recordando que clásico quiere decir desde muy antiguo, desde siempre, desde el inicio de los tiempos).