jueves, 15 de septiembre de 2011

El reto de ser autodidacta


Estos pensamientos de alguna manera revelan lo que soy y lo que pienso de mí mismo y exponen públicamente algo que pertenece a mi más profunda problemática. Pero el hecho de hacerlo revela justamente esa autoafirmación que necesito para no claudicar y consolidar mis principios constitutivos que son la razón y la explicación de lo que ahora soy y lo que finalmente se dirá de mí cuando mi cuerpo deje de funcionar.


En una época como la actual, donde la obligatoriedad de una especialización y la oferta educativa son por decir menos desbordantes, la opción del autodidactismo pareciera ser obsoleta. Antaño se sabía de personas que superaban sus penosas limitaciones con un esfuerzo personal pues se enfrentaban a un medio que era adverso a la preparación y al conocimiento. Sin embargo, con el avance de la Sociedad de Mercado y su necesidad de gente idónea para cumplir las diversas tareas que existen, la opción por la capacitación es no solo una elección sino, por el contrario, una necesidad vital pues sin ella la persona correría el peligro de no ser competitiva o apta para el desempeño laboral, convirtiéndose en un ser marginal y con pocas probabilidades de sobrevivencia.


Entonces ¿qué sentido tiene insistir con una formación propia, ajena a los cánones que la época exige? Quizá ya no sea el superar un escollo o una incapacidad puesto que cada vez es más amplia la oferta y las facilidades para el estudio (aunque en algunos lugares del planeta todavía la educación sigue siendo un imposible); en el caso de una persona común que nace en una ciudad moderna o medianamente desarrollada la negación a ello es muy improbable que se dé. Las propuestas de preparación son múltiples y prácticamente es más difícil vivir ajeno a ellas que asimilarlas. Los medios de comunicación difunden profusamente cada día las nuevas tecnologías e ideas haciendo que la actualización de la población sea una constante.


Por ejemplo, hoy los sistemas educativos contemplan casi sin excepción la necesidad de cursos de computación dado que ésta forma parte indispensable del ritmo actual de vida. Ni siquiera los jubilados se salvan de entender cosas como “no hay sistema” en el momento que les anuncian que sus pagos mensuales sufren un atraso debido a problemas cibernéticos. Más aún, hasta las más veteranas ancianitas se han adaptado gracias a la pasión que los juegos de azar electrónicos despierta en ellas. Eso sin dejar de mencionar la profusión de teléfonos móviles que obligan al usuario a entender sus particulares y complejos lenguajes y códigos. Estar informado y actualizado es el estilo de la vida actual y uno no puede enajenarse de ello.
Pero volvemos a la pregunta. ¿Y por qué alguien tendría que tomar un rumbo diferente si eso es lo menos indicado? La respuesta la encuentro en que solo asumiendo un reto es cómo se pueden lograr los cambios que uno desea. Llevando esto a lo concreto, si uno quisiera encontrar otros modos, otros caminos que conduzcan a respuestas distintas lo mejor sería dejar de lado el convencionalismo e intentar abrir trochas allí donde parece que no se pueden dar. La suposición o la teoría nos dice que haciéndolo es muy probable que se descubra por lo menos algo: un indicio, un aspecto no contemplado o una manera original de concebir lo ya conocido. Muchos de los grandes y famosos creadores de innovaciones pueden testificar que ese ha sido su método: ir contracorriente, salirse del molde, cambiar el orden de las cosas, inventar su propia forma de hacerlas. En pocas palabras: para ser creador se requiere en la práctica ser un autodidacta y enseñarse a sí mismo mediante una práctica personal.  


Precisamente cada transformación de era, cada giro fundamental que ha dado la humanidad se ha basado en aquellos que han procurado salirse de la corriente para ofrecer alternativas hasta ese momento insospechadas. Los constructores de pirámides o de monumentos impresionantes deben haberse enfrentado desde un comienzo a mentes convencidas que eso jamás se podría hacer puesto que era un imposible. Lo mismo aquellos que plantearon por primera vez la idea de que el cielo no era un techo sobre la Tierra sino una capa detrás de la cual existía todo un Universo. Propuestas de esa naturaleza no son posibles sin previamente rechazar la versión oficial y sugerir algo nunca imaginado. Parte de ese rechazo implica entonces una preparación particular utilizando fuentes inusuales que no es otra cosa que un autodidactismo.


¿Sería posible hoy —en un tiempo donde todo conocimiento no solo es bienvenido sino necesario, y donde hasta lo más disparatado se acepta y se difunde sin restricción— intentar dejar de lado los procesos formativos tradicionales para intentar metas más allá de las que se permiten? Particularmente pienso que sí, puesto que, aunque se diga lo contrario, tanto la Sociedad de Mercado como la Modernidad también tienen sus límites y sus tabúes, o sea, sus fronteras, las cuales no se pueden atravesar pues simplemente se desestabilizaría el sistema. Creer que éste es totalmente abierto y liberal, donde todo puede caber como en botica, es un mito puesto que siempre hay cosas que son fundamentales y sagradas las cuales no se pueden ni cuestionar ni trastocar. Quiere decir que siempre en toda sociedad habrá espacios permitidos y lugares prohibidos; la libertad absoluta no es real; todo tiene un límite.


En la Sociedad de Mercado las leyes del comercio son necesarias para que el acto de compra y venta esté garantizado en todo el planeta. Si un sector de la humanidad no lo respetara (como es el caso de ciertas sociedades tribales o algunos gobiernos reacios a adaptarse) el mecanismo no sería universal y podría ser cuestionado como “no único”, en el sentido que sería posible darse otro tipo de sociedades tanto o más efectivas que ésta. Ser realmente innovador implicaría, en estas circunstancias, no contribuir con más de lo mismo sino, por el contrario, poner en crisis las normas sosteniendo, al mismo tiempo, la expectativa de otra mejor. La historia de las transformaciones sociales demuestra que ello ha sido una constante.
De modo que, si se quieren sugerir cambios pero no en la parte operativa sino en el fondo, en las esencias, no queda más remedio que apelar una vez más al autodidactismo para descubrir las futuras ideas que pueden ofrecerle al ser humano visiones de sí mismo y de la realidad que no son las que ya se conocen y se han instaurado como verdades absolutas. Los nuevos mundos, las nuevas sociedades necesitan de diferentes planteamientos que atraigan a los hombres hacia su realización, dejando de lado los antiguos. Esto siempre ha ocurrido pero no sin un trauma y un rechazo que ha derivado en revoluciones dramáticas. Mas los hechos no los imponen las personas individuales pues son sucesos que corresponden al comportamiento de las sociedades. Las consecuencias de lo que algunos hombres idean no están en ellos sino en las colectividades que las asumen o no.


Por lo tanto insisto en que el camino de autodidacta que elegí desde muy joven es el que creo más idóneo para la renovación de los espíritus. Sé que el no haber seguido integralmente las formas, el ser casi un iconoclasta o un rebelde de espíritu tiene sus consecuencias tanto gratas como ingratas —pues no se puede negar que trae como consecuencia una incomodidad en el prójimo y hasta un profundo desagrado en la medida que se desarticula aquello que a ellos les beneficia— pero ser innovador o un peculiar no significa ser apreciado o alabado; históricamente ha sido común ser visto como un hereje o un subversivo, por lo que ello resulta muchas veces muy malo para la salud (pues hay que confesar que las dudas y la sensación de fracaso acompañan siempre a quien lo intenta).


Mucha fuerza de voluntad se requiere para persistir en el empeño y no sucumbir ante la idea de haber errado en la vida. La falta de reconocimiento o, peor todavía, el no encontrar lo anhelado, son razones más que suficientes para pensar que uno se equivocó y que más vale pedir perdón para tratar de ser aceptado aun cuando ya las oportunidades hayan pasado. Lo único que queda entonces es persistir en el objetivo y trabajar la conciencia para no caer en la desilusión que lleva al suicidio físico o emocional.

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