miércoles, 6 de julio de 2011

¡Al diablo con la salud!

Les quiero hacer una confesión: esa actitud que se menciona (no somos sanos, sino pre enfermos) es la que finalmente me ha llevado a padecer hoy de un mal que no conocía: la hipocondría.

Sucede que, desde hace años, el día en que no siento nada malo en mí entro en un profundo estado de angustia preguntándome: ¿y de qué me sentiré mal dentro de poco? ¿A dónde me dolerá (señalándome, ahora sí, el lugar donde aparecerá mi cáncer mortal que me llevará a la tumba, sepultando todos mis proyectos actuales)?

Como se imaginarán, ya me cansé de ir a los médicos a hacer el mismo papelón de decir que tengo el temor de enfermarme y que quiero saber si efectivamente estoy sano o si es mi imaginación.

Francamente, a veces preferiría asumir la actitud de antes en la que la enfermedad, que las he tenido muchas, no era lo que me preocupaba. Pero ahora, con el bombardeo de la "prevención" solo vivo con la sensación de que, en cualquier momento me vendrá la muerte.

Sé que usted conoce este tipo de casos y sabe a lo que me refiero. En mi opinión, hay algo de alarmismo, negocio y perversión en la ciencia médica y en los laboratorios en su afán de obtener ganancias a costa de los sanos (que son los que más acuden a los médicos y compran medicinas, pues los enfermos no bastan para mantener a las clínicas).

Creo que debería analizarse bien qué tanto se justifica "enfermizar" a los sanos con el fin de que inviertan en seguros y consultas preventivas (una prima de seguro de salud va por el orden de los dos mil dólares aproximadamente y el 90 por ciento de los tenedores no las usan).

Ahora estoy intentando superar esta obsesiva (y enfermiza) idea de tener que vivir sano; estoy tratando de vivir más intensamente, aunque eso me enferme, porque más lo hace cuidarme que no. Por eso prefiero fumar y tomar y olvidarme de los miedos porque, de ellos, ya tengo bastantes (no comas, no respires, no salgas, haz deporte, adelgaza y miles de cosas más).

¡Al diablo con la salud! ¡Viva la vida!


2 comentarios:

  1. Siempre pensé en todo ello, Luis Enrique. Cada vez estoy más convencido de que la vida, llevada de un modo más natural, es precisamente el vehículo que nos llevaría hacia una verdadera evolución como especie. No lo que propugna la vida en las ciudades de esta parte del mundo.

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  2. Camilo:
    Disculpa la demora pero recién veo la lista de comentarios sin responder. Descuido mío. Un abrazo por tu interés y nos vemos pronto.

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