lunes, 6 de mayo de 2024



Lo dije en Facebook es, como su título lo dice, una expresión personal y crítica de Luis Enrique Alvizuri hecha en dicha red social acerca de temas que van desde la realidad política contemporánea del Perú hasta ideas y pensamientos de carácter filosófico y geopolítico. La importancia de este tipo de escritos es que, desde su inicio, han sido creados para la lectura pública y no necesariamente para un grupo selecto de especialistas, por lo que están elaborados con un lenguaje claro y sencillo, sin expresiones técnicas que impidan captar la esencia de los mensajes. Hay que tener presente que Alvizuri ha preferido emplear el mecanismo de las redes a los acostumbrados libros físicos que, si bien dan renombre e importancia a los autores, no siempre son leídos por las personas a quienes van dirigidos.



"Kiko es mi nombre hipocorístico, y ´Estimado Kiko´ es como Luis Enrique Alviuzri siempre se dirigía a mí en los debates virtuales del foro filosófico La Serpiente de Oro, un espacio que se sostuvo a lo largo de varios años a través del correo Yahoo. En este libro Estimado Kiko Alvizuri recopila los textos con los que él intervino y donde se tocan los más diversos temas científicos, sociales, políticos y varios otros. El autor es un iconoclasta, contestatario, un rebelde que no tiene reparos en señalar los errores donde él considera que estos existen y poner el dedo en la llaga donde más duele. Esto le valió varias censuras por parte de Facebook. El hecho de no ser un filósofo académico, pero sí ilustrado, le confiere precisamente esa libertad e independencia para expresar sus ideas sin ningún tipo de ataduras. Por su contribución a la filosofía peruana, fue incorporado a la Sociedad Peruana de Filosofía. En este libro tendremos el privilegio de apreciar el nivel de un pensador único que, con el tiempo, será sin lugar a dudas reconocido como un baluarte de la intelectualidad peruana y latinoamericana."
Enrique Álvarez Vita.




Este libro Estafeta virtual es una selección de comentarios hechos por Luis Enrique Alvizuri en diversos blogs de varios analistas, periodistas y comentaristas políticos en el período que va desde el 2008 al 2012, tales como Marco Sifuentes, Alejandro Godoy, Martín Tanaka, Juan Sheput, Fernando Villarán, Pedro Salinas, Heduardo, Fernando Tuesta Soldevilla, Carlos Basombrío, Raúl Wiener, Roberto Lerner, entre otros. Se trata de una respuesta a determinadas posturas asumidas por dichos personajes y que, en muchos casos, son observaciones críticas o bien posiciones decididamente contrarias.



Hoy los espacios para expresar lo “políticamente incorrecto” se han visto cada vez más reducidos debido principalmente a la lógica de cómo funciona actualmente la difusión de las ideas. A pesar de haber muchos medios de comunicación aparentemente “libres”, aquellos que realmente llegan a impactar en las mayorías son solamente los que “el sistema” controla y manipula de acuerdo con sus intereses. En una época donde el capitalismo funge de ser la única opción posible para el género humano es natural que no se dé cabida a pensamientos que puedan mellar esta creencia. Alvizuri, con El mundo desde mi pantalla, se encuentra justamente en ese grupo de autores independientes que no asumen las verdades del momento y que, por ello, evitan sumarse al coro de los llamados “políticamente correctos”.





La hipótesis de El impulso filosofante surge a raíz de la observación de la propia condición humana vista en toda su magnitud donde, después de descartar todo aquello que es inherente a lo animal, queda solamente su esencia más significativa y singular que es la angustia vivencial, ese hallarse permanentemente consciente de estar en una situación trágica padeciéndola sin remedio. Esta es la principal característica de lo humano: el constante sufrir debido a no vivir de acuerdo con las leyes de la naturaleza sin poder regresar a ella.




El año del odio reúne en sus páginas una serie de artículos, escritos y comentarios publicados por Alvizuri en su página Facebook durante el año 2022. Este resultó sumamente significativo para el Perú ya que fue donde creció una ola de rechazo de la manera más abierta y descarada hacia un gobierno, el de Castillo, producto de la decisión democrática de un pueblo, considerada fraudulenta e incompetente por un sector de la derecha que dejó su acostumbrada pasividad (pues antes eran otros quienes defendían sus intereses) para pasar a dar la cara por sí misma. Esto lo que ocasionó fue el despertar muchas de las taras y defectos propios de un país fundado de manera defectuosa y que, a pesar de la independencia, mantuvo la misma estructura colonial, tanto productiva (exportación de materia prima) como social (racismo y clasismo).






El libro Desde mi celda nace como consecuencia de la pandemia que obligó a la población mundial a encerrarse en sus casas ante el tremendo pánico que la epidemia del COVID ocasionó. Esta tragedia, aún no aclarada en cuando a su verdadero origen y circunstancias, tuvo un saldo sumamente trágico que, hasta que no se crearon las vacunas, consternó y enlutó a miles de hogares, especialmente en el Perú, que ostentó el triste récord de ser el primer lugar en muertos por millón en todo el planeta. Fue en estas circunstancias que muchas personas tuvieron que recurrir a medios alternativos mediante los cuales poder comunicarse y dar a conocer sus ideas, siendo las redes las principalmente elegidas.


Este libro Atrapado por las redes compila una selección de comentarios, análisis, observaciones y puntos de vista que fueron publicados en la página Facebook del autor durante la primera parte de la pandemia, desde marzo hasta fines del 2020. Como es sabido, el confinamiento obligatorio convirtió a las redes en la forma principal de comunicación, por lo que motivó a que se incrementaran las publicaciones de este tipo en todo el orbe. En el caso concreto de esta publicación, encontramos toda una gama de temas que versan sobre reflexiones de índole filosófica hasta asuntos propios de la política local del Perú, de América y el mundo, intercalados con otros de tipo geopolítico y social.































sábado, 4 de mayo de 2024



Este ensayo Hacia un nuevo mundo expone una reflexión filosófica con fe y entusiasmo por creer en el buen rumbo de los seres humanos. Se inclina rotundamente hacia el lado optimista de la vida y sostiene que el amor es el elemento principal de la existencia, por lo que todos los actos deben encaminarse bajo sus leyes y con sus impulsos. El autor evita ubicarse en un tiempo especial, intenta ser universal y propone una etapa feliz en la cual el hombre habrá alcanzado el control de sí mismo gracias a su propia evolución. Es, en suma, una mezcla de observaciones sobre la vida humana, así como un deseo ardoroso de ver un futuro mejor para todos.

jueves, 10 de enero de 2019

El cristianismo, ese imposible


El cristianismo en realidad nunca fue una religión; era un esfuerzo espiritual que intentaba ir más allá de lo que las leyes y normas convencionales de toda sociedad exigen. Fue convertido en religión como una manera de aplacarlo, de quitarle su fuego revolucionario y subversivo. El Maestro mostraba con el ejemplo qué cosa era el cristianismo, cuál era su mensaje: pasar por el calvario, por el vía crucis y morir en nombre de la verdad y el amor. Demasiado reto para que sea fácil aceptarlo.

No basta con ser buenos
Si el objetivo del Cristo hubiera sido decirnos que “teníamos que ser buenos” no necesitaba hacer lo que hizo: todas las religiones, las autoridades, las sabidurías y disposiciones legales y populares dicen lo mismo: tenemos que respetar al vecino, ayudar al prójimo, cumplir con nuestros deberes y ser personas probas y de bien para nuestra sociedad. Tanto el judaísmo como las leyes romanas lo especificaban claramente y era algo que cualquiera, pobre o rico, sabio o necio, podía cumplir sin ser crucificado.

Una propuesta atrevida
Pero el cristianismo en realidad está más allá de ser solo buenos ciudadanos, buenas personas o de hacer el bien; todos lo hacen, hasta los que se dedican al delito (como lo demuestran las mafias y hasta los más connotados narcotraficantes). El cristianismo trae una propuesta atrevida, conspiradora, que rasga por completo el orden de toda sociedad. Nos propone que no es suficiente con ser solo buenos, con cumplir bien nuestros deberes, con hacer caridad con los pobres o acudir a los templos a rezar y hacer los sacrificios. Para eso no se requiere saber qué es el cristianismo. Éste trasciende lo que pensamos que es lo correcto.

Su objetivo
El Cristo dijo que el objetivo era otro al que cualquier sociedad nos obliga; se trataba de eliminar de nuestra alma, de nuestro espíritu y de nuestro ser, el egoísmo, la soberbia, la ambición y volvernos simples y humildes como el que menos. Despreciar las cosas que nos rodean como valor y verlas solo como parcialmente útiles y nada más. Apartarnos lo más posible de la riqueza y de los placeres de la vida mundana para vivir con la mayor sencillez posible. Y todo ello hacerlo en nombre de Dios, que es bueno incluso con los malos.

El prójimo antes que nada
Pero no solo eso: además decía que a Dios no se le adoraba en el templo puesto que él no lo necesita como tampoco necesita los rezos ni sacrificios: Él lo tiene todo. Lo único que Dios le pide al hombre es que trate a su prójimo como si Él lo fuera, que en vez de dar limosna al templo y al sacerdote se le dé a quien más le urge; que en vez de apoyar y beneficiar a los más poderosos se haga eso mismo pero con los más débiles y necesitados. Todo esto ninguna sociedad lo pide; al contrario, el ser “buenas personas” no implica que abandonemos nuestros beneficios, privilegios, derechos y glorias.

Casos aislados
Hubo algunos que, arrebatados por el entusiasmo, se dejaron llevar íntegramente por dicho mensaje (como San Francisco de Asís, hijo de un rico comerciante) y se lanzaron a la aventura de ser cristianos auténticos, al margen de lo que la religión oficial dice que es. A quienes como San Francisco tuvieron la suerte de sobrevivir a ello (debido más a su origen aristocrático) los convirtieron en “santos” como una manera de excluirlos y alejarlos lo más posible de la gente común para nadie siguiera su ejemplo. Fueron calificados de “iluminados”, de seres excepcionales que existieron “porque Dios lo quiso”; pero el resto debe dedicarse a su vida rutinaria. Ser santo, ser cristiano, es solo una excepción, no la regla.

El cristianismo hoy
Hoy en día el mensaje cristiano, después de tanta manipulación, tergiversación y utilización, está desdibujado, deformado y trastocado, adaptado a una vida moderna que es, por el contrario, todo lo opuesto a lo que significaría ser cristiano. Los “mercaderes del Templo” que fueron azotados y echados por el Maestro con ira, son, por el contrario, quienes se han impuesto en el mundo creando la llamada “Sociedad de mercado”, por encima de la sangre real y la disposición militar de los emperadores. “Éste mundo”, el mundo moderno, no es el del cristianismo ni mucho menos: es el del dinero, el del hombre, el del demonio aquel que le propuso al Mesías tener poder a cambio de que lo adorase. Actualmente ser cristiano es solo un título desgastado, que ya no sirve para nada útil.

¿Es aún posible ser cristiano?
Pero ¿puede el mensaje todavía tener sentido? Si lo vemos estrictamente sí, puesto que las condiciones que se describen en el Evangelio son casi las mismas en lo esencial. Salvo en la tecnología, que es como un cuchillo que puede ser bueno o malo según se lo use, el resto es exactamente igual: la envidia, el odio, la soberbia, la ambición, el desprecio, la vanagloria, la hipocresía, la mentira, el crimen, el abuso y todo lo demás siguen siendo hoy tal como eran durante aquellos tiempos evangélicos. La llamada “evolución” es solo una quimera inventada por los poderosos para hacer creer que “la humanidad ha cambiado” cuando lo único que ha cambiado realmente son los conocimientos científicos y técnicos que en nada afectan ni la mente ni el corazón del hombre.

El mismo reto
De modo que ser cristiano, tal como se planteó en su origen, sigue siendo tan válido y a la vez tan “imposible” como lo fuera desde un comienzo. Imposible puesto que el tratar de serlo implica una serie de renuncias y de denuncias que así no más nadie está dispuesto a realizar. Es difícil que alguien quiera abandonar lo que tanto le ha costado: la seguridad, la tranquilidad, el prestigio y honor de ser “un buen ciudadano”, solo para seguir unas normas morales extremas que, a fin de cuentas, no son necesarias para vivir. Y si por alguna razón lo intentáramos, inmediatamente nos daríamos cuenta de el por qué el Redentor fue tratado como lo hicieron y terminó como lo hizo. No tiene mucho sentido que alguien se haga cristiano y no sufra al menos una parte de lo que el modelo, el guía, sufrió. Ni antes ni ahora el mundo está dispuesto a admitir esas “creencias” o “recomendaciones” que hoy podemos leer en el Evangelio.

Quién sabe
Pero quién sabe; viendo las posibilidades que este mundo humano le ofrece a la gente (mundo planteado como una lucha por la sobrevivencia donde no existe espacio para la piedad hacia los débiles) no es improbable que quizá alguno lo intente de nuevo. ¿Por qué razón? Tal vez porque, a pesar de lo que se asegura con firmeza, la existencia de un Dios no sea algo tan descabellado como ahora parece. Que pueda ser que el destino de la humanidad no se reduzca a cómo se alimenta, se reproduce y muere como hoy en día nos afirman que es. Que es probable que haya un plan divino tan misterioso que de algún modo nos esté esperando para que sea la única vía que tengamos para liberarnos de la vida común, corriente y rutinaria que hasta ahora vivimos como si fuera la única posible. Quién sabe si esta verdad no haga libres.