sábado, 9 de junio de 2018
La música popular del Perú
lunes, 4 de junio de 2018
¿Criollismo o criollada? Sobre la actual situación de este género

La pasión futbolística ha desatado una ola de nacionalismo que hace mucho no vivíamos los peruanos. Eso no es invento nuestro: lo viven todos los países del mundo, y es algo fomentado por todos los Estados sin excepción. No digo que no sea natural: el amor a la tierra, a lo propio, lo es. Lo que es exaltado es el nacionalismo, una vinculación extrema hacia una idea de identidad llamada patria o nación.
Para el anarquismo esa idea de nación o de patria es perniciosa, y argumentan que el ser humano está preparado para vivir sin una macro organización puesto que le basta ponerse de acuerdo de manera inteligente para que todos sean libres de vivir como quieran sin que existan leyes que lo dispongan y normen. Los filósofos griegos estoicos se llamaban a sí mismos "kosmou polites" o ciudadanos del mundo porque decían que no tenían que sujetarse al hecho de haber nacido en determinado lugar y tiempo y que por ello se sentían más libres que los demás.
Más fuerte que nuestros deseos
Pero a pesar que esa idea siempre ha rondado la cabeza de mucha gente, y no sin razón, lo cierto es que nos guste o no nacemos humanos e hijos de una madre determinada a quien no se puede dejar de amar por lo que es y por lo que nos dio. Si somos lo que somos es porque ella (o él) así lo quisieron, y actuamos de acuerdo con eso sin poder evitarlo. Nacer no es un acto voluntario y nadie nace donde quiere ni como quiere. Por lo tanto el amor, el afecto hacia lo que nos dio la vida, es natural, tal como lo demuestran todos los animales.
Primero somos masa, después individuos
Pero tampoco somos solo hijos de nuestra madre natural sino también ella forma parte de un contexto llamado sociedad en la cual vive y a la cual nos inserta casi siempre con éxito. Mucho antes que tomemos conciencia de nuestra individualidad lo que somos es parte de un todo, de una masa no diferenciada y nuestro mayor esfuerzo lo dedicamos a "hacer como hacen los demás", a imitar, a aprender de otros cómo tenemos que vivir. Sin esa actitud natural no aprenderíamos ni a caminar ni a hablar ni nada; nuestra primera noción no es individual sino colectiva.
Solo después, en nuestro proceso filogenético, es que nos hacemos individuos, cuando tomamos conciencia que además de ser parte de un todo somos también seres autónomos, con capacidad de pensar y actuar al margen de lo que indiquen las mayorías. Muchos animales también tienen esa facultad, en especial los mamíferos, de modo que eso es exclusivo del ser humano. Pero esa individualidad no nos hace ajenos a nuestro medio puesto que es muy difícil, si no imposible, llegar a vivir completamente solos; un ser absolutamente solitario es un ente destinado a su desaparición, es el expatriado o expulsado condenado a la muerte en vida. Por lo que necesariamente nuestra realización como seres vivos tendrá que ser siempre en sociedad.
¿Y qué hay de la música criolla?
Pero ¿qué tiene que ver esto con el criollismo? En que la expresión de una sociedad se manifiesta muchas veces en sus manifestaciones culturales, una de las cuales es la música. En el caso concreto actual, la música criolla se ha convertido en un símbolo patrio dejando de ser lo que fue en sus comienzos: una expresión popular de fiesta, de amor y de pasatiempo. Esto por un lado puede significar que dicho género se ha realzado obteniendo una categoría superior a la que tenía, pero por otro lado ha sufrido también una transformación que, quiérase o no, la ha deformado.
Porque las expresiones musicales populares suelen caracterizarse por ser espontáneas y un reflejo del momento en que se vive; son un termómetro o una manifestación que demuestra el sentir de aquellos que no encuentran otra forma de dar a conocer lo que sienten y piensan. Y si estas empiezan a ser constreñidas por un Estado que requiere de mecanismos de unión o de uniformización el resultado es que adquieren un carácter o "cliché" que las aleja de lo que originalmente fueron. Ha pasado siempre en distintas ocasiones en la historia en que el Estado se apropió de una determinada música y la convirtió en un símbolo nacional.
Cuándo nació la criollada
Con la música criolla peruana ha ocurrido esto. Durante la época de Velasco se buscaron distintos elementos que contribuyeran con su ideario nacionalista y uno de ellos fue la música. Ello recayó en la creatividad de un compositor, Polo Campos, quien contribuyó con el pedido de crear canciones criollas de exaltación patriótica que fueran con la línea aquella. Polo Campos no era un cualquiera. A pesar de su origen ayacuchano alcanzó un éxito extraordinario surtiendo de melodías a la industria fonográfica peruana que estaba necesitada de temas que, por su llegada, fueran vendibles y así resultara un buen negocio invertir en ellas.
Esa resultó ser la era de oro de la música criolla pero también su fin. Se la transformó de ser una manifestación de una forma de vida (criolla) a ser únicamente una "canción", un valse, festejo o polca, desligándola de sus raíces y causales. Ya no era el criollo quien la creaba y entregaba a la sociedad sino el "especialista en crear música criolla para las ventas" el que instalaba el género en el imaginario colectivo nacional. ¿El resultado? Mientras que la industria del disco desapareció hasta el día de hoy la idea de música criolla vinculada a la fiesta, diversión, jarana o juerga quedó entre la gente, así como la idea de que "es patriótica".
Cómo se ve a la música criolla
Por supuesto que toda canción puede ser patriótica (como lo demuestran muchos valses hechos durante la Segunda Guerra con Chile así como la denominación de "marinera" creada por Gamarra) pero eso no la vuelve "patriotera", y hoy por hoy, si hay alguna música "patriotera" esa es la criolla, aquella que utilizando letras elementales y pegajosas demuestra una "peruanidad" que casi solo sirve para los eventos deportivos, nada más. Los "criollos" son ahora personajes pintorescos dedicados, como si fueran "personal trainers", a levantar el entusiasmo por los símbolos patrios apoyando, quieran o no, a todos los gobiernos de turno.
¿Qué se ganó y qué se perdió?
Se ganó en popularidad masiva, porque tanto en las barras bravas como en las reuniones familiares se opta por esta expresión salpicada de licor, bulla, gritos y fanfarria entendiendo que el criollismo es para destapar nuestros instintos más primitivos envueltos en una bandera. Pero se perdió todo lo demás: el afecto, la pasión, la poesía, el retrato popular, la sensibilidad, el cariño, la sutiliza y sobre todo: la inteligencia. Una letra más o menos bien escrita resulta ser "demasiado complicada" para saltar y gritar en un partido de fútbol. Canciones como las de Chabuca Granda, la máxima expresión de cultura en dicho género, son detestadas por muchos músicos por ser "muy tristes y aburridas", solo para pituquitas delicadas.
Si hay alguna explicación a la decadencia de la música criolla peruana actual es por causa de su vulgarización patriotera y por la idea comúnmente aceptada que "es para la juerga" y no para el cerebro, para el alma ni para cualquier otra cosa. La juventud prefiere el género rap o hip hop (que nada tienen que ver con nuestra realidad) para expresarse, aunque esto dista mucho de llamarse música y aún está a años luz de ser poesía. No opta por lo criollo porque no lo ve "serio", y muchos artistas no se dan cuenta de ello y prefieren dejarlo así. Los pocos cultores "privados" de los llamados centros music
ales se dedican más a una labor de investigación histórica (canciones "del pasado") como si el solo rescatar lo antiguo fuera suficiente. Conocer el pasado es fundamental siempre y cuando se mire hacia el futuro. Quedarse en él es condenarlo a la muerte.
lunes, 12 de marzo de 2018
Comentario al libro El Estadio de José del Valle González

lunes, 20 de noviembre de 2017
Todos necesitamos de un sueño
martes, 19 de julio de 2011
El racismo es por dentro, no por fuera

El problema racial en el Perú sí es algo principal tanto como lo fue en la Sudáfrica del apartheid. Pero no porque una piel sea mejor que otra (en tal caso, la más oscura sería superior porque resiste más la radiación solar) sino por lo que ella significa socialmente. Tener el color blanco es haber nacido de una madre y un padre de origen europeo o norteamericano. De estos hay pocos, claro está, pero tal hecho se encuentra asociado a pertenecer a la "clase dominante" o a ser "un superior", cosa que de por sí implica que ser blanco es “poseer un valor natural”.
Si usted es blanco en el Perú no tendrá impedimentos para estar o ingresar a los lugares más exclusivos aún sin tener dinero. Si usted es blanco podrá insultar a su regalado gusto al policía, al juez o al congresista porque, en su mayoría, todos ellos son “cholos”, provincianos de segunda. Si usted es blanco otros blancos se le acercarán y le dirán: "oye, únete a nosotros para que ‘éstos’ no se nos vengan encima y los podamos explotar como nos dé la gana". Sin haber abierto la boca el blanco ya pertenece a un club exclusivo de "patrones" por esta simple situación de afinidad.
¿Y qué blanco diría que no, que no estoy de acuerdo porque blancos y cholos en el Perú somos iguales, que no me parece que a mí me traten como a un rey sin haberme preguntado cuánto realmente tengo en el bolsillo? Tendría que estar loco o ser un renegado para hacerlo. Entonces, con este tipo de lógica, pensamiento y actitudes ¿se puede hablar de igualdad, de no-racismo en el Perú?
Claro; existen personas que salen en los medios a decir que "soy tan cholo como cualquiera, aunque sea colorado". Mueve a risa. Nadie los ha visto en su casa ni se los conoce cómo son en realidad, pero sabemos que en verdad son puras poses. Ante esto se dirá: entonces ¿qué es ser "del pueblo”?
Para saberlo lo primero sería no tomar las cosas por su envase, por su envoltura, sino por su contenido. No importa si se tiene tal o cual color de piel o si se nació en tal zona de la ciudad. Lo único que vale es de qué lado se está. Para decirlo en términos futbolísiticos: para dónde se patea.
Si se patea para los ricos difícilmente uno será del pueblo. Pero si se patea a favor de los más pobres y enfermos para que tengan una buena atención hospitalaria (y no necesariamente un buen hospital porque estos suelen ser “faenones”), para que los trabajadores reciban el sueldo que les corresponde, para que a nadie se le discrimine por no haber estudiado en una universidad privada y hecho su doctorado en el extranjero (como si ese fuera el único camino para ser "importante"); si se piensa y se actúa de esta forma en la vida diaria, así se sea blanco como la nieve y se tengan los ojos más azules que el cielo de Huaraz se pertenecerá al pueblo.
Pero dirán que los cholos no lo van a aceptar porque ellos también son racistas con los "blanquiñosos". Eso no es cierto. El ejército de Túpac Amaru, en su primera etapa, estaba formado por españoles y peruanos blancos, negros y cholos de todo tipo. La causa común hacía olvidar mágicamente esos "detalles", lo cual demuestra que toda diferencia se puede superar cuando los principios son comunes y la metas superiores.
El racismo inverso, el del cholo al blanco, solo ocurre en respuesta al primero, cuando el blanco construye a su alrededor un sistema legal y social que lo favorece ostensiblemente. Si éste no se diera se comprobaría que la sociedad peruana no es por naturaleza discriminatoria sino, por el contrario, inclusiva, pues por tradición provenimos de una cultura que asimila los valores y expresiones foráneas siempre y cuando estos sean considerados como positivos.
Según Basadre la culpa del destino del Perú la tiene su clase dirigente, mientras que Hernando de Soto los desenmascara al acusarlos de ser mercantilistas (de vivir a costa de los grandes contratos del Estado, el único gran negocio que se puede hacer en este país). Desgraciadamente esa clase dirigente siempre se ha refugiado en sus características raciales para formar una especie de logia basada sobre el común “origen extranjero” de sus ascendientes. Al verse entre ellos se identifican y saben que están hablando con “uno de los suyos”, de modo que pueden ejercer sin problemas sus intercambios de beneficios y prebendas.
Eso es precisamente lo que ha ocasionado el atraso y el caos en el que actualmente vivimos pues tenemos una nación conducida por personas que, en vez de ver a su país como su casa, como su lugar de residencia y última morada, lo ven como una chacra, como un centro de enriquecimiento no importándoles si ésta se encuentra bien, saludable y ordenada. Solo les interesa la ganancia que puedan obtener para al final irse a refugiar al país de sus ancestros y del cual han obtenido su nacionalidad.
De modo que no es la piel la causa del problema: es el espíritu de un grupo de peruanos que usufructúan dicha peculiaridad cromática y que la emplean como una ventaja a la hora de recibir los favores del Estado. Ese espíritu de lucro y egoísmo ha convertido a toda esta clase "alta y blanca" del Perú en seres desesperados que viven mirándose a sí mismos y a sus bolsillos preocupados por las amenazas de que tal relación ventajosa de poder algún día se acabe.
Y esas amenazas siempre han provenido, como pasó en Sudáfrica, del lado de quienes son los perjudicados de origen, de aquellos que sin haber empezado a jugar están ya condenados a perder, de esos ciudadanos de cuarta categoría (como los parias de la India) que lógicamente ven que esto es una clara y descarada injusticia, de los cholos, de los nativos, de los andinos y, por extensión, de todos aquellos que provienen de las culturas prehispánicas de nuestro continente.
Por lo tanto si queremos superar las taras que nos impiden sentirnos como una nación orgullosa de sí misma y de su gente (y no solo de su territorio y sus restos arqueológicos) tenemos que encontrar la manera de superar esta mirada colonialista, de acabar con esta execrable forma de discriminación para establecer reglas claras de juego donde todos sin excepción, y sin considerar sus vínculos con determinados grupos cerrados de poder, tengan las mismas oportunidades de aportar un bien para las mayorías de nuestra patria.
martes, 4 de agosto de 2009
China diabla, chola fea

domingo, 26 de julio de 2009
Cambridge: racismo moderno e ilustrado

En el corazón de la sabiduría de Occidente, Cambridge, de donde se dice que provienen los mejores hombres de la historia, el racismo chusco y chabacano de toda la vida sigue tan vivo y a flor de piel como en los tiempos de la esclavitud anglosajona y los progroms hitlerianos. Un distinguido profesor de la universidad —que identifica por antonomasia a dicha ciudad— por el solo hecho de estar en la puerta de su casa fue víctima de la peor humillación posible: fue acusado de ser sospechoso por ser negro. ¿Qué lecturas se pueden extraer de todo esto? “A diferencia del racismo del Sur, que destaca la raza y trata de mantener a los negros en su sitio, el racismo liberal afirma no hacerlo” expresa Rene Monroe en un artículo para la web Rebelión que nos sirve de base para hacer este comentario. (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=89154)
Personalidades mundiales supuestamente muy blancas y occidentales como Mario Vargas Llosa (intelectual español nacido en Perú y promotor acérrimo y fanático de la cultura occidental y sus valores) se sienten ufanas de ser parte de dicha cultura a la que consideran como la fuente de la tolerancia, el saber y el respeto por los derechos del hombre. Para ellos, provenir de ese medio es un sinónimo de superioridad en todos los sentidos, en especial, en el moral. Cuando alguien dice haber realizado sus estudios superiores en las más insignes instituciones occidentales, como la universidad de Cambridge, es visto, ya no como simple humano, sino como un semidiós que viene a salvar a un país de su atraso e ignorancia. Sin embargo el racismo escondido detrás de sus títulos y cartones de pacotilla —y la bajeza que allí se camufla— son una realidad tanto o más execrable que la que se haya practicado en el peor país racista que hubiera existido.
El racismo moderno: el responsable
En esa universidad, en medio de tanto cretino que se vende a sí mismo como un ente superior (como si tener muchos títulos de abogacía convirtieran a alguien en honesto) existe una discriminación solapada que revela las más profundas ideas cavernarias sobre cómo está organizado el mundo. Digan lo que digan, para ellos la raza blanca y anglosajona es necesariamente la que tiene que dominar a la humanidad; prueba de esto es que la casi totalidad de las personalidades que prevalecen en el ámbito cultural y científico actual son de esa raza (exceptuando a unos cuantos orientales e indios que sirven para darle el matiz de pluralidad que el marketing exige). Pero claro: dirán que así no piensan ni los catedráticos ni los alumnos de dicha institución pero ¿será eso verdad? ¿Por qué la población que rodea a la universidad practica este racismo moderno (que no sale a la calle con palos y antorchas sino que llama discretamente a la policía cumpliendo con el “muy responsable” deber ciudadano de denunciar cualquier cosa que les parezca “extraño a su forma de vida”)? ¿Qué ha hecho ella para modificar en algo estas ideas, si es que es verdad que no las comparten? ¿Por qué sus autoridades se desplazan tan tranquilamente por sus avenidas y locales públicos y privados y no han notado nada anormal? ¿Son tan sabios para algunas cosas y tan incompetentes para otras que no pueden percibir el tufillo racista de las discretas expresiones de sus pobladores y funcionarios?
El prejuicio ante el diploma
La verdad es que en toda esa famosa entidad educativa se piensa lo mismo: están convencidos que hay una raza dominante y esa es la blanca anglosajona. ¿Existe alguna manera de negarlo? Por supuesto que los Vargas Llosa del mundo no dirán ni palabra sobre ello puesto que para ellos, como adalides y vendedores que son, lo importante es afirmar la necesidad de aceptar siempre la hegemonía occidental por sobre todas las cosas. Lo grave es que muchos habitantes de los países tercermundistas se pliegan a ese prejuicio y por eso estudian en universidades de este tipo para después regresar a sus países de origen a ofrecerse como las más insignes personalidades políticas, exigiendo que se les entregue la conducción del país. “Es de Harvard, es de Cambridge”, dicen sus aduladores y lo repiten los medios de comunicación, absortos ante ellos como si de extraterrestres se tratase, intentando promoverlos cual renombrados boxeadores. Finalmente los gobiernos, mayormente sumisos a las políticas de Washington y de Europa, los ven como buenos interlocutores y fieles correligionarios (prooccidentales por excelencia) y los eligen debido a sus “inmensos méritos y a su gran currículum”.
Saber es poder
Si embargo a partir de ahora, gracias a incidentes como éstos —que revelan la verdadera miseria moral y humana de quienes provienen de estos centros universitarios— estamos advertidos que muchos de los que allí estudian y se gradúan lo hacen principalmente para asumir el mando de sus países pero siguiendo las líneas maestras del imperio anglosajón. Pasan del aula al gobierno o al ministerio bajo el supuesto que sus gigantescos conocimientos aportarán algo bueno, cuando en realidad lo único que van a hacer es reforzar a los grupos de poder (de los cuales casi siempre ellos provienen) y la relación dependiente con Occidente. Dicho en pocas palabras: en universidades como Cambridge se forman los futuros líderes que difundirán el pensamiento retrógrado, prepotente y racista que se impondrá en el resto del mundo, poniendo principalmente por delante la idea de que “siempre un blanco, con estudios o sin ellos, es y será superior”. Ello lo reflejarán después en las políticas orientadas a mantener el statu quo actual. Por todo esto creemos que ha llegado el momento de denunciar a estos déspotas ilustrados y demostrar que su calidad moral es inversamente proporcional a sus conocimientos. En nuestra opinión, se trata de asesinos tecnócratas que no saben que lo son y que no dan la cara, pero que aprietan un botón, a miles de kilómetros de distancia de donde se producen las masacres, sin que ellos sientan el mínimo remordimiento. Estamos, entonces, todos advertidos.jueves, 18 de junio de 2009
El racismo en Latinoamérica
Si no fuera por el racismo en la mayor parte de los países de Latinoamérica no sabríamos diferenciar a las personas por su origen ni su nivel socio-económico-cultural y nos vincularíamos con gente incompatible con nuestros pensamientos e ideas, ocasionándose así un caos producto de las innumerables discrepancias entre unas costumbres y otras.
Veamos un ejemplo de ello. Todos sabemos de la marcada propensión al machismo en las clases C, D y E. En cambio, en las clases A y B, éste es notoriamente de menor intensidad. Si alguien con costumbres de A se juntara con una persona de clase D las ofensas y disputas serían irreconciliables por ser ambos de diferentes ideosincracias. En estos casos el racismo a priori evita estos malos entendidos y desencuentros al facilitar la rápida selección de nuestro prójimo. Este sería el lado positivo del racismo. Pero ahora veámoslo en su otra dimensión.
Podría haberse dado otro factor discriminante que no fuera el color de la piel, como sucede por ejemplo en Holanda, donde casi todos son blancos. En esos contextos las diferencias se establecen por la cultura, el tipo de vestimenta, los modales, la forma de expresarse, los lugares a donde se frecuenta, etc., algo que un portero de una discoteca europea sí puede distinguir, mientras que uno latinoamericano le es imposible. Para estos todos los blancos son superiores, se vistan como se vistan. Pero lo cierto es que en Latinoamérica, por los avatares de su historia, el factor más importante para diferenciar una clase de otra es la “raza”, el aspecto físico. En pocas palabras: el color de la piel. Entonces ello sí es importante para saber quién es quién y a quién se le dice señor y a quién se le dice “o’e tú”; a quién se lo elige ministro o ejecutivo y a quién vigilante. Si no se respetaran estas “diferencias” se produciría un descalabro económico-social. ¿Por qué? Por lo siguiente.
Las causas: la conservación de los privilegios
Todos sabemos lo importante que son las herencias familiares, más aún si éstas son cuantiosas, como ocurre en las grandes empresas y grupos económicos. La gran preocupación de sus dueños es y será siempre a quién le delegan toda esa fortuna y poder. Si sus hijos, por mala suerte, se casaran con personas que no pertenecieran a su misma estirpe o clase social esa fortuna pasaría a manos “extrañas”, a seres con otras costumbres, provenientes de otras realidades y con otro tipo de vínculos sociales. Así el imperio de dicho clan se acabaría.
Entonces, para conservar esos privilegios, a los niños de clase alta se les enseña, desde pequeños, que solo deben juntarse con sus iguales. ¿Y quiénes son sus iguales? Aquellos que poseen, principalmente, sus mismas características físicas (después viene el tipo de apellido, el lugar de residencia, los sitios donde se frecuenta, etc.). Como consecuencia de ello todos se casan entre blancos y así acrecientan y aseguran las fortunas de las familias. En pocas palabras: los ricos se juntan con los ricos, y los ricos en Latinoamérica suelen ser blancos. Rico, blanco, poderoso, superior son, en nuestra realidad, sinónimos.
Racismo invertido
Pero este racismo no solo ocurre entre las clases altas sino también entre los niveles C, D y E. El mestizo se siente “blanco” frente a la “indígena” o la “negrita”, y en los hogares más modestos la gente se alegra cuando alguien consigue una pareja blanquiñosa o “blancona”, como dicen, lo cual es, para ellos, un privilegio, un ascenso social. La piel blanca abre muchas puertas en la vida. Y aquel que lo niegue es, evidentemente, un blanco, porque son ellos (los de apellido importante, por supuesto) los únicos que niegan que exista el racismo. ¿Por qué? Porque no les conviene que se hagan manifiestas las diferencias sociales, dándole a entender a la gente común que “todos somos iguales y tenemos las mismas oportunidades”.
Pero ¿será cierto que todos tenemos las mismas oportunidades, así no seamos blancos? La niña egresada de un colegio estatal, proveniente de un barrio pobre de la ciudad y que quiere hacer cine ¿tendrá las mismas oportunidades frente a la rica? ¿Podrá estudiar su carrera en Europa, en Estados Unidos? ¿Tendrá parientes influyentes en el mundo de la cultura que la apoyen y le den los mejores contactos con las empresas cinematográficas? Lo más probable es que termine trabajando de obrera en una empresa o quizá de vendedora en alguna tienda.
La derecha en Latinoamérica es blanca
Como prueba de esta afirmación, cada vez que en televisión se ve a algún latinoamericano que es blanco es casi seguro que pertenece a los sectores altos y que tiene un pensamiento de derecha. La gran mayoría de políticos de esa línea, proclives a las ideas occidentales, son blancos. Mientras tanto, la gran mayoría, por no decir casi todos, los que se oponen al modelo neoliberal y a la derecha son de raza mestiza (aunque como en todo hay excepciones y variantes, como pueden ser Argentina o Uruguay, pero eso no invalida la realidad general).
Entonces, para redondear la idea, en Latinoamérica las ubicaciones sociales y económicas tienen una correspondencia racial, fenómeno que de algún modo se intenta cambiar en algunos gobiernos actuales como los de Venezuela, Bolivia y Ecuador, pero de los que a la fecha no sabemos su destino. Esperamos que de alguna manera ello sea un síntoma de que la historia está dando un vuelco y que éste sea a favor de los postergados y marginados.
Mientras tanto, insistimos en que negar la realidad del racismo no tiene sentido porque sería seguirle el juego a aquellos que, al hacerlo, lo ocultan y así evitan que se haga visible, que salga a la luz y que sea motivo de juicio y condena. La mejor manera de combatirlo es identificarlo bien, sin minimizarlo ni exagerarlo, y así saber sus causas y sus mecanismos de perpetuación.
martes, 2 de junio de 2009
Más sobre el racismo en el Perú
Existen naciones conformadas por diferentes pueblos, razas, lenguas y costumbres para quienes eso es precisamente una ventaja, un matiz que los enriquece y de lo cual están orgullosos. Allí se puede decir que en la variedad está el gusto. Tenemos ejemplos que lo demuestran como Suiza, con sus 23 cantones y cuatro lenguas oficiales (suizo, alemán, francés e italiano), la cual tiene una conformación geográfica muy similar a Bolivia (montañosa y mediterránea).
Pero ¿por qué en Bolivia el factor racial, cultural y geográfico los divide y por qué en Suiza sí los integra y enriquece? La respuesta es: por la voluntad de sus clases dominantes. En Suiza, después de muchas guerras, llegaron a la conclusión que lo mejor era tener un país viable para todos y no solo para uno de los grupos dominantes. Mientras que en Bolivia, después de muchas guerras, hay un grupo dominante (caracterizado por ser blanco) que se niega a dejar de ser el grupo privilegiado y es el que insiste en que ellos no son iguales a los "indios". Por lo tanto, los “indios” también les cierran las puertas a los blancos.
Esto es algo que va contra la experiencia pues ésta nos demuestra que no existe nación en la Tierra que no esté conformada por varias naciones con varios tipos de cultura dentro de ella, así que no se puede decir que eso sea algo imposible de resolverse. La convivencia es un trabajo social y sicológico que el propio humano debe crear mediante las leyes y la educación. Pero ni en Bolivia ni Perú se hace.
En el caso del Perú no existe la intención de abandonar este esquema de confrontación racial-cultural. No hace falta ser muy suspicaz para ver que allí no se fomenta la integración sino el racismo. Se sigue insistiendo en establecer las diferencias en vez de quebrarlas. Se persiste en que, por ejemplo, la televisión sea "blanca" y sus mujeres "rubias". Se busca que los funcionarios más importantes sean todos "blancos, de preferencia de universidades de clase A y con estudios en el extranjero", algo imposible de lograr para la mayor parte del país que es no blanca. Se aplaude que exista un balneario exclusivo para blancos, llamado Asia, donde no pueden ingresar peruanos de otro aspecto, así tengan más dinero que todos los veraneantes juntos. No se los quiere aceptar porque el ser blanco es un requisito para manejar fácilmente la exclusividad. Es una característica diferencial como en otras partes lo es la religión, el origen familiar, el dinero o los títulos nobiliarios, allí donde el color de la piel es similar en todos los habitantes.
Pero ¿a dónde conduce todo esto? A dónde más sino a que aparezcan un Morales, un Chávez o un Fidel que rompan esta infausta situación de marginación y conflicto soterrado. ¿Cuánto tiempo falta para que esto se manifieste teniendo a su costado a los países más directamente iguales, sus pares, que están diciendo cuál es su inevitable destino?
El tema es que todos los peruanos, empezando por los más ricos y poderosos, deberían procurar crear una nación de iguales, no una igualdad solo en el papel y en la ley. El suizo italiano es igual al suizo alemán; en cambio el peruano blanco no es igual al peruano cholo. Incluso en el extranjero los peruanos blancos de clase alta se diferencian de los otros puesto que la mayor parte posee pasaporte de otros países gracias a una relación de parentesco o por medio de la nacionalización.
Todo parece indicar que el futuro ya tiene reservado para el Perú un fenómeno similar al de toda América, el cual parece inevitable por más se lo intente demorar con los TLC o con las alianzas militares con USA, la que supuestamente fungirá de protectora de la clase dominante peruana en caso se produzca algún cambio social. Veremos si ese argumento llegará realmente a funcionar.
viernes, 29 de mayo de 2009
Apuntes sobre el racismo en el Perú
El racismo es la identificación a través de una determinada apariencia física. En su aspecto más negativo, sirve para la apropiación de las mayores ventajas de algo.
En realidad, si bien el racismo está asociado al abuso y explotación, no necesariamente tiene tal fin y, muchas veces, es necesario para diversos usos en la vida diaria. Por ejemplo, para una determinada actuación musical, es necesario que los danzantes tengan un biotipo racial común, como los danzantes de tijeras o los de festejo. En otros casos se lo utiliza como un ejemplo de integración más que de separación, como cuando se ve a varios individuos de aspecto racial diferentes unidos en una sola imagen, al estilo de los viejos comerciales de Coca cola. Hay casos en los que ayuda a que la gente se sienta más identificada con una determinada expresión cultural al otorgarle aspectos raciales de origen provenientes de sus antepasados (lo cual no es necesariamente malo ni bueno, sino solo un elemento que beneficia a la identificación).
Hay también un racismo natural, en el sentido que muchas veces las personas gustan más de sus iguales, de aquellos con quienes pueden compartir sus mismas costumbres y culturas, y por eso prefieren, en muchos casos, gente que se parezca a ellos (como les pasa a muchos peruanos que, viviendo en el extranjero, se casan con peruanas porque "son más afines a ellos"). En general, el racismo, en su buen sentido, es un indicador de algo: de una cultura, de un género o modo de vida, de una forma de pensamiento, por la que los individuos pueden o no optar. El racismo entonces, tal como lo demuestra la historia, no es un factor condicionante ni obliga a nadie nada. Siempre es una opción; prueba de ello son los innumerables casos de mezclas de distintas razas a lo largo del tiempo, lo que ha permitido a su vez que la humanidad no se degrade como especie.
Pero el aspecto más común asociado al racismo es el negativo, el que discrimina a unos a favor de otros. Aquí el asunto es más complejo, por cuanto siempre, en estos casos, existen dos posiciones encontradas, ambas con su respectiva razón. Tanto el que discrimina como el discriminado tienen argumentos que los justifican. Muchos encuentran en el racismo una forma de preservación de su manera de ser y de pensar, de su cultura ancestral que, muchas veces, se encuentra en vías de extinción, cosa que sucede, por ejemplo, con el pueblo gitano. Para ellos la apertura significaría la muerte de su cultura, por eso consideran necesario el racismo, por una necesidad de sobrevivencia.
Existen otros casos donde el racismo sirve para proteger una forma de poder, de conquista o de privilegios los cuales, si no se elitizan, correrían el riesgo de perderse con la mezcla. Esta es la forma más común de racismo pues es el que tiene por origen o razón de ser la preservación del beneficio económico que da el poder. Aquí el caso más conocido es el de los judíos quienes, sin ser realmente una raza (pues no existe la raza judía) sí existe como “concepto” (“el pueblo judío”) lo cual sirve para mantener, entre quienes son considerados como “judíos”, el poder. Eso es lo que explica porqué a lo largo de la historia de Occidente numerosos “judíos” han alcanzado notoriedad en todos los campos a pesar de no ser un pueblo numeroso: porque siempre han contado con la preferencia de los miembros de su “pueblo-raza” que los han escogido a ellos antes que a los no judíos (esto es necesario decirlo porque existe una creencia popular de que los judíos son “seres superiores” y que por eso destacan en todo; esto no es cierto: más bien son quienes tienen la prerrogativa en todo, por eso “inevitablemente destacan en todo”, manteniéndose así el privilegio de pertenecer a la “raza judía”, que ya sabemos que no existe).
Entonces, tanto el discriminador como el discriminado tienen ambos el mismo derecho a acusarse y defenderse con el argumento de la justicia a su favor. En este terreno no existe autoridad que pueda juzgar con equidad porque se trata de dos formas de ver la realidad.
En el caso del Perú el racismo tiene la misma connotación negativa que hemos mencionado: no sirve para mostrar la unión de los peruanos (como puede suceder en algunos países de Europa donde, como en Francia, se está empezando a admitir a los negros como franceses) sino sirve para resaltar más bien la enorme y ancestral desunión. Lo que en unas partes sirve para demostrar que, por encima de la raza, está la unión de una sociedad, en el Perú sirve para demostrar lo contrario. La explicación es que aquí los privilegios están dirigidos todos a favorecer a un determinado tipo racial (en este caso, blanco, pudiendo haber sido asiático u otro) el cual, por un consenso social, tiene la prerrogativa de estar POR ENCIMA DE LA LEY, lo cual es, para este grupo, una enorme ventaja con respecto al resto.
Pero así como esto significa una ventaja y un privilegio desmesurado para unos pocos es a la vez la causa de la gigantesca injusticia y el desequilibrio que existe en nuestra sociedad. En una nación donde unos cuantos se apropian de la mayor parte en perjuicio de muchos existe el germen de un desorden y un descontento tan grandes que inevitablemente terminará en revolución.
En resumidas cuentas: la sociedad peruana posee un racismo de tipo negativo pues es disociador en vez de unificador y produce un notorio desequilibrio que pone en peligro la estabilidad de la nación. Los últimos veinte años de prosperidad demuestran que la única región del Perú que se ha beneficiado de ello ha sido “Asia”, incluida su extraordinaria pista, mientras que el resto del país se encuentra igual o peor a como estaba hace treinta años. Todos los empresarios, los funcionarios y profesionales de éxito en el país pertenecen al mismo biotipo: blancos. Todos se conocen, han estudiado en los mismos colegios, en las mismas universidades tanto del Perú como del extranjero. Y toda la riqueza y los mejores sueldos recaen, por esa razón, en ellos. Esto se llama racismo, en su peor sentido. Y este es el tipo de racismo que termina en revolución, al igual que pasó en Sudáfrica.
Mientras tanto el Estado, que debería cumplir el papel de distribuidor justo de los beneficios de la sociedad, solo se encarga de protegerlos, por lo que se ha desprestigiado y ha perdido total credibilidad ante el pueblo. Hace poco Barak Obama, el presidente de los Estados Unidos, en su discurso inaugural, dijo que una nación que solo se dedica a beneficiar a los más ricos es una nación condenada a desaparecer. Este parece ser el caso del Perú.